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Debate sobre la pasión futbolera: el hincha de tribuna y el que se hace por televisión

El hincha se hace yendo al estadio, no por tv a miles de kilómetros de distancia

Por Ángel Francisco Martínez Suárez *

Aún faltan 24 horas para el gran evento y tengo ansiedad. Estoy contando las horas; ya quiero que se dé el momento”, es lo que le cuenta Santiago a un amigo del barrio, y no es para menos: su equipo de fútbol amado se enfrenta mañana a su oponente eterno, ese mismo que en otros años ha sido su verdugo, pero espera que en este se cambien los papeles para poder celebrar. Para Santiago, ser hincha de fútbol (de su equipo) es algo así como ser parte de una familia.

Muchos dirán que estoy loco o trastornado, pero uno visita a la mamá cada vez que puede.Yo, además de hacerlo, también visito a mi equipo en su casa; es un compromiso adquirido hace más de 30 años, un compromiso ineludible”, comenta el hincha, al mismo tiempo que muestra su carnet de abonado y socio del equipo.

¡El gran día!

Domingo 7:27 a.m. Es diciembre, un mes diferente; el sol sale desde temprano más inclemente que de costumbre, pero esta vez acompañado de una fuerte y -a veces – fastidiosa brisa, de esas que no tiene piedad ante cualquier minifalda y sin pensarlo la levanta para el deleite de muchas miradas masculinas.

El teléfono celular de Santiago suena varias veces. En medio del sueño, lo contesta con un flojo “aló, Santi, ¿me escuchas?” Era Felipe, el amigo de toda la vida de Santiago. Él lo llama ‘hermano, y aunque no comparten muchos gustos, los une una afinidad única: el amor y la pasión por un equipo. “Santi, te espero en casa temprano, antes de almorzar, para cuadrar todo e irnos al estadio”, le dijo. Como por arte de magia, el sueño y la flojera matinal desaparecieron de Santiago, como si un exorcista hubiera sacado el espíritu de ‘Morfeo’ de su interior. Santiago se bañó, alistó y en menos de lo que canta un gallo estaba tocando el timbre de la casa de su ‘hermano’, quien vivía a tres cuadras y media.

La tarea es grande. Recortar cualquier periódico, revista, no importa lo que se atraviese; lo importante es acumular lo que más se pueda ‘papelitos’. También hay que comprar rollos de papel de registradora y pintarse la cara, todo en tiempo récord, para estar sentaos esperando que el equipo salte a la cancha y escuchar el anhelado pitazo inicial de la gran final, esa que se vive una vez al año. 

¡A la cancha!

3:22 p.m. Los equipos saltan al terreno de juego, una cancha sagrada para muchos, ya que en esa misma se han logrado varias gestas del balompié nacional e internacional. 50 mil voces gritando al unísono el nombre de un equipo que espera entregarlo todo en la cancha para alegrar aún más la región, una región bendecida, con el Mar Caribe de frente, en donde se transforma cualquier situación en motivo de fiesta. Ahí, justo ahí, está Santiago, mostrándole a Felipe su piel de gallina a causa de ver a su equipo cantando el himno de la ciudad a la que pertenece.

Lágrimas de alegría y de tristeza han brotado de los ojos de este par de hinchas; esas mismas lágrimas que se han mezclado en la multitud que domingo a domingo se aglomera en el descomunal estadio. La historia les ha proporcionado a Santiago y Felipe la posibilidad de conocer la dicha de ser campeones y la miseria de un segundo puesto.

Es que gritar “jueputa, somos campeones” es inversamente proporcional a “jueputa, perdimos”, aunque la raíz de la expresión sea idéntica.

Cada gol, cada celebración, cada campeonato ganado, hace que valga la pena cada gol en contra o cada torneo perdido. Es como si el mago Merlín, con su vara mágica, les inyectara una pócima secreta de felicidad inigualable, de euforia desenfrenada; tanto así que, aunque llegue la calma, o instantes de mal humor, recordar esos momentos vividos hace que la sonrisa aparezca en los rostros de una manera inexplicable, tan inexplicable que la rutina diaria es más llevadera por el solo hecho de recordar un triunfo, no importa en qué momento de la historia se dio; lo importante es tener una razón más para sonreír y, aunque ya es pasado, este alimenta el presente.

Hinchas por televisión

Hace años, cuando era casi imposible ver un partido de cualquier liga europea, o cuando la información no llegaba con la inmediatez de ahora, no era común ver a hinchas de plantillas del viejo continente en las calles y mucho menos escuchar decir “hala, Madrid” a alguien que no ha salido nunca de su tierra bella.

Hoy en día, cientos, miles o, por qué no, millones de personas se autoproclaman hinchas de equipos que tienen una gran trayectoria a nivel mundial. Barcelona, Real Madrid, Juventus, Bayern Múnich, Manchester United, Manchester City, entre otros, son equipos referentes y ‘amados’ por muchas personas. ¿Cuál es la afinidad que se debe tener con un equipo al que a duras penas se ve jugar por televisión?

Si bien el fútbol, a través de los medios de comunicación, el internet, las redes sociales, traspasa fronteras, también es cierto que en países como Colombia los que se hacen llamar hinchas de equipos europeos son personas acondicionadas a un escudo acostumbrado a ganar títulos, es decir, son hinchas por conveniencia, de esos que se arriman al árbol que más sombra les dé. En pocas palabras, aún no conozco alguien que diga, lleno de orgullo, que es hincha de equipos como el Brujas de Bélgica, el Espanyol de España, el Nantes de Francia, o el Hamburgo de Alemania.

Lanzo la pregunta porque, aunque se pueda debatir el tema con argumentos, el sentimiento de ser hincha va más allá que ver un partido por televisión.

La pasión se transmite, es poder ver a tu lado la sonrisa y la alegría del que te acompaña a brincar en un estadio alentando a tu equipo, es sudar bajo el sol o mojarse bajo la lluvia mientras estás en el estadio o celebrando al aire libre que tu equipo ganó, es poder gritar desde las graderías a un jugador del equipo contrario que es un “mal pa…” o recordarle más de una vez la madre al árbitro de turno por tomar una decisión que no te guste, aunque sea la acertada.

El día que pueda viajo a Madrid a ver a mi Real”, he escuchado en varias ocasiones, pero eso es solo un sueño que, aunque pueda convertirse en realidad, mientras se materializa sigue siendo solo una idea en el tiempo.

Esos ‘hinchas’ del Barcelona, del Real Madrid, etc, han sufrido por perder una final, o por ver cómo el arquero contrario saca de su red un gol ya contado, o en el peor de los casos ha sufrido la pronta eliminación del equipo, con la certeza que el otro año será una vez más protagonista del torneo. Esto no está del todo mal: todo hincha, cualquiera que sea, siempre quiere ganar, pero para saborear las mieles del triunfo de la mejor manera, con más ganas, es necesario haber sufrido.

Perder por goleada, que la amenaza de un descenso esté cerca, que no salga nada en el terreno de juego, mientras tú, allá arriba en la tribuna no sabes más qué hacer, si saltar y jugar o seguir alentando, son factores que hacen al hincha fiel, ese que en la temporada que se dan las cosas saca pecho y dice “lo logramos”.

El hincha y la ciencia

Milton de Moral escribió para el portal argentino ‘infobae’ un artículo bastante argumentado acerca del amor del hincha por su equipo. Este, llamado ‘La ciencia comprobó que la pasión por el fútbol es similar al amor romántico’, explica con estudios lo que puede sentir un hincha fiel.

El amor del enamorado y el amor del futbolero pueden ser la misma cosa. O al menos comprender los mismos circuitos cerebrales y neurotransmisores. Lo dice la ciencia. Lo certificaron investigadores de la Universidad de Coimbra, en Portugal: los sentimientos despertados, el mecanismo de expresión entre una persona enamorada y un apasionado por el fútbol simulan la misma naturaleza“.

El fútbol despierta emociones, a veces irracionales, que cruzan la frontera entre el amor tribal y el fanatismo“, expresó la institución en un comunicado. El estudio comprobó que los circuitos cerebrales que se activan en los hinchas del fútbol son los mismos que en los románticos enamorados. Miguel Castelo-Branco, uno de los responsables de la investigación junto a Catalina Duarte y Ricardo Cayolla, explicó que ante situaciones de emociones positivas -un gol, una jugada destacada o el resultado final de un partido – se desprenden en el cerebro regiones similares del córtex frontal, en donde se liberan dopamina a modo de recompensa. “Hemos podido comprobar que los sistemas neuronales que se activan son muy semejantes al del amor romántico“, sentenció.

Al amor de tu vida tienes que quererlo, amarlo, dedicarle tiempo, pasar tiempo con él, no solo en una cama teniendo sexo, sino en otros espacios que generan una mejor convivencia.

Según el artículo, en el fútbol también se crea una relación sentimental, que va más allá de ir a un partido o verlo por televisión; es palparlo de cerca, es sentir cómo se acelera el corazón cuando se llega al arco rival, así como cuando ves de lejos a la persona que amas; es notar cómo te sudan las manos cuando tu equipo está en riesgo, así como cuando peleas con tu pareja; es llegar al nirvana al momento del anhelado gol, como cuando abrazas y besas a esa persona que amas; en definitiva, el amor se manifiesta en diferentes maneras y el fútbol te permite hacerlo como más te gusta.

De la euforia a la calma

6: 00 p.m. Santiago y Felipe salen del estadio; el resultado del partido muchas veces ha sido favorable, otras no, pero saben que cumplieron la tarea, apoyaron, alentaron y, aunque están cansados, casi sin voz, saben desde ese instante que tienen que recargar energías para el próximo domingo volver a la casa de su equipo; ellos la llaman su casa porque siempre son bien recibidos. Se mezclaron entre la multitud, sin importar raza, color, condición sexual, preferencia política; lo único cierto es que ellos dos tienen la misma afinidad con los miles de hinchas que gritaron junto a ellos desde su ingreso al majestuoso estadio; esos innumerables aficionados con quienes conforman una familia que traspasa su amor de generación en generación con el fin de continuar con el legado de ancestros, ese mismo que ha hecho que un amor extraño les impregne la piel y al que defienden en aquellas mieles del triunfo o en el espinoso camino de la derrota.

* Reportero y columnista de Metro Joven

 

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