Deporte

Egan Bernal, un ciclista de época y el símbolo amarillo de la fe

Por: Juan Camilo Ardila Durante*

El viernes 26 de julio cuando los colombianos nos uníamos en las plazas de todo el país utilizando en camisetas y pancartas los colores blanco y negro para marchar por nuestros líderes sociales asesinados, las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez decidieron volar sobre las montañas francesas. Ese día Egan Bernal obtenía el liderato del Tour de Francia, se hacía con el maillot amarillo y entonces era ese color el que nos devolvía la felicidad y la esperanza que el horror de los asesinatos en Colombia parecía habernos arrebatado.

En nuestro país, pese a no contar con las estaciones, estamos acostumbrados a vivir permanentemente entre el verano y el invierno. Ese viernes en el que lloramos juntos de rabia para luego hacerlo de alegría gracias a Egan, es el día perfecto para explicar la perfecta descripción que hizo Jorge Luis Borges sobre lo que somos: “ser colombiano es un acto de fe”. La misma fe que tuvieron Flor y Germán cuando a los pocos días de haber nacido su hijo Egan, los médicos le diagnosticaron una enfermedad que parecía casi incurable. El ‘casi’ fue suficiente para que los papás y los doctores lograran salvarle la vida. Y también la misma fe que tuvo el propio Egan cuando se rompió la clavícula hace unos meses y no pudo disputar el Giro de Italia. Una lesión que a la postre consiguió que el “joven maravilla”, como le dice el narrador de ESPN, Mario Sábato, lo hiciera competir este año en Francia para tocar el cielo y ser hoy el hombre más feliz del mundo.

No es casualidad que este símbolo de fe, esfuerzo y enorme talento fuera bautizado con un nombre que proviene de la mitología griega y que en heleno representa el mito del fuego y a una persona que brilla con luz propia. Mejor nombre no podía tener este zipaquireño de 22 años, el tercer ciclista más joven en ganar la carrera más importante de todas.

Ayer, cuando caía la noche en París y se posaba sobre el arco del triunfo un hermoso contraluz, nos dimos cuenta que las mariposas amarillas estaban presentes iluminando de amarillo el cielo parisino. Los colombianos, pegados a la tv y maravillados por lo que estábamos observando, esperamos a Egan para que se subiera a lo más alto del podio, recibiera las flores y luego pudiéramos escuchar el himno de Colombia por primera vez en los 106 años de historia que tiene este evento único. Y lo escuchamos con mayor fuerza que nunca porque los colombianos presentes en París gritaron tan fuerte como los pulmones de Egan. Y entonces en ese momento tan emocionante pensé que los ‘Cochise’ Rodríguez, Lucho Herrera, Fabio Parra, Santiago Botero, y los de esta generación, todos estaban llorando de emoción como el resto de nosotros por un sueño colectivo que ya dejaba de serlo. Sí, ya es una bendita realidad, escarabajos.

Confieso que lloré de felicidad como seguramente lo hicieron los más de 40 millones de colombianos que vivieron este día histórico. En pocos días seguramente volveremos a llorar de rabia y de tristeza, pero como los momentos de alegría son escasos, sigamos hoy junto a Egan Bernal tocando el cielo amarillo antes de que las mariposas vuelvan a Macondo, las perdamos de vista, y nuestro cielo otro vez se torne gris.

¡Gracias eternas, joven maravilla! Y gracias inmensas también a Sergio, Nairo y Rigoberto por esta escena imborrable en nuestras memorias que nos regalaron ayer. Esta imagen de ustedes juntos celebrando el triunfo de Egan en plena carrera es quizás el símbolo más poderoso con el que hoy contamos en Colombia para reforzar la ilusión de ver algún un día un país en el que todos vayamos de la mano para hacerlo mejor.

*Editor de Metro Joven

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