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‘Parásitos’, la obra maestra de Corea del Sur que hace historia en los Óscar

Por: Juan Camilo Ardila Durante*

Una película de Corea del Sur, que llegó a las carteleras de cine de Estados Unidos y del resto del mundo recién hace dos meses, derrotó con justicia la barrera norteamericana de los subtítulos para hacer historia en los Premios Óscar y convertirse en la primera película de habla no inglesa en ganar la estatuilla a ‘Mejor Película’.  

Parasite es su título en inglés y ”Gisaengchung” el título en coreano

Hay que ser claros: ‘Parásitos’, del director Boon Joon-ho, es el filme del año. Y así como lo mereció Roma de Alfonso Cuarón en la edición 91 y se quedó a un paso de conseguirlo, este largometraje coreano acumulaba todos los méritos posibles en términos de calidad artística, originalidad e impacto universal para ser premiado como el mejor de 2019. 

Con ‘Parásitos’ la Academia de Hollywood  grita hoy lo que ya dijo en voz más baja hace un año: “estamos conversando con el cine que se hace en todos los rincones del mundo”. 

Y es que sólo habían sido nominadas once películas de habla no inglesa en la categoría principal en los 92 años que tiene de historia los Premios Óscar. Como si el cine francés, italiano, español, alemán, coreano, polaco o brasileño no hubiesen producidos innumerables películas merecedoras de estar, por lo menos, compitiendo en la categoría de mayor peso y no solo en la que ahora se llama ‘Mejor película internacional’. 

Es por ello que el triunfo de ‘Parásitos’ en la 92ª edición de los Oscar (ganó también las estatuillas de mejor dirección, guión original y mejor película internacional) marca un antes y un después en la historia de esta ceremonia porque ratifica el proceso penetración internacional en Hollywood. Un proceso que -supongo y espero- ya no dará un paso hacia atrás. 

Hace ya varios años la Academia de Cine de Hollywood se propuso tener un cuerpo de votantes más internacional. Desde entonces, han entrado alrededor de 1.500 nuevos miembros que no son norteamericanos. Antonio Banderas, nominado como ‘Mejor actor’ por su hermosa interpretación en ‘Dolor y Gloria’ de Pedro Almodóvar, decía a la prensa hace unos días que “la Academia de Hollywood se está expandiendo porque quieren convertir los Óscar en unos premios mundiales. Eso está pasando a mayor velocidad de lo que la gente se cree”. Solo basta con decir que 25 películas nominadas en esta versión 92 han sido películas presentadas en los principales festivales de cine del mundo, como los de Cannes, Berlín y Venecia. 

‘Parásitos’, por su parte, luego de llevarse la Palma de Oro en Cannes y conquistar Europa, se estrenó en más mil salas de cine en Estados Unidos, en donde ya ha hecho más de 30 millones de dólares en taquilla. Y su éxito es aún más trascendente si nos ponemos a analizar que su paso triunfal en los Óscar se produce en un año en el que Quentin Tarantino competía con ‘Érase una vez en… Hollywood’, una obra maestra y que además es una carta de amor al cine norteamericano de los 60 y 70, una carta de amor a Hollywood y también Los Ángeles, la ciudad de los premios. Además, derrotó a otra leyenda viva como Martin Scorsese con su maravillosa ‘El Irlandés’; a esa fábula de la comedia trágica que es el ‘Joker’, de Todd Philips, y a un ejercicio de estilo técnico extraordinario conseguido por Sam Mendes en ‘1917’. Es decir, ‘Parásitos’, que para mí es la mejor de todas, le ganó a otras cintas que también tenían méritos para triunfar. 

Siempre he dicho que para ser elegida la ‘Mejor Película’ en los Óscar y en los principales premios cinematográficos del mundo debería considerarse -y respetarse religiosamente- un mandamiento ineludible: ser inolvidable. En 20 años seguiremos viendo y hablando de ‘Parásitos’, así como no lo hacemos de muchas otras que ganaron en años y décadas anteriores.

Cuando el creador de esta obra inolvidable subió a recoger el premio a la mejor película internacional, la ovación en el teatro Dolby superó el sonido de la retransmisión y dejó claro cuál es la película que más ha gustado y sorprendido. Era el segundo Óscar en la historia para Corea del Sur. El primero había sido el de mejor guion original. El tercero fue el de mejor dirección. El cuarto, mejor película. Y pensar que este país ya nos había regalado directores maravillosos como Kim Ki-Duk, Hong Sang-Soo, Park Chan-Wook y Lee Chang-dong, entre tantos otros. 

Boon Jo-Ho

Boon Jo-Ho, que aún no domina el inglés y que necesita aún una traductora para hablar, al recibir el reconocimiento como ‘Mejor director se tomó su tiempo para crear uno de los momentos más emocionantes de la noche histórica de los Óscar: 

Cuando estaba en la escuela estudiaba las películas de Martin Scorsese”, dijo, señalando al director de ‘El Irlandés’, que estaba sentado delante de él. Todos los asistentes se pusieron instantáneamente de pie para aplaudir al maestro Scorsese. Luego agradeció a Quentin Tarantino por ayudarlo a que sus películas fueran vistas en Estados Unidos. Ya en los Globos de Oro, el también director de ‘El Huésped’, ‘Okja’, ‘El expresó del miedo’ y ‘Memorias de un asesino’, había invitado a la audiencia norteamericana a recibir a los filmes de todo el mundo y a que los subtítulos no les impidieran disfrutar de las películas extraordinarias que se hacen en otros idiomas. 

Cuando escuché sus palabras en esa ocasión, me puse a pensar en la triste realidad colombiana con las empresas de distribución y exhibición de cine que cada vez menos traen películas premiadas en festivales y que, cuando las traen, que siempre lo hacen tardíamente, son pocas las salas las que las exhiben en su idioma original. Con este tema quizás soy un dictador, pero es que las películas dobladas al español, exceptuando las animadas, deberían desaparecer. Para mí doblar una película a otro idioma es un atentado grave a los artistas que la hacen. Comparto lo que le escuché una vez al estupendo cineasta español Fernando Trueba: “no veo una película doblada. Prefiero no verla. Para mí, una película doblada no es una película. Es un artefacto extraño. Es como que si alguien coge Las Meninas de Velázquez, se pone a pintar por encima, y te dice: “Mira, Las Meninas de Diego de Velázquez”. 

A todos ustedes, queridos lectores, los invito a disfrutar de ‘Parásitos’ en su idioma original, así como tantas magistrales películas que a diario nos perdemos por la barrera de los subtítulos y por la misma muralla que nos colocan las empresas que piensan que el buen arte no es taquillero y que todo el que va a una sala de cine es un imbécil. 

*Editor de Metro Joven y bloguero de CineVista

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