Esto opino

Gerencia Social, una decisión más allá de la farándula

Hasta hace poco fungía en el Distrito de Cartagena la figura de gerente de ciudad, con antecedentes cercanos de la tan sonada gerencia de la calle y el tan nombrado y rimbombante Consejo Consultivo. La verdad sea dicha, hoy ninguno existe. Por alguna que otra razón desaparecieron como por arte de magia, un destello que alumbra por instantes, fuegos artificiales de la nueva concepción de administración pública. Me atrevería a decir que los egos, tan solo los egos, han sido la causa del fracaso de tan connotadas iniciativas.

Cuando pensamos en gerencia, gerente o consultores, la gente concibe un estereotipo mental de personas preparadas e importantes, una fama adquirida por la educación prestigiosa, experiencia privada o renombre social. Buscamos entonces cambiar la ciudad, modificar el sistema, tratar de innovar y creer en nuestras instituciones para mejorar nuestra calidad de vida y suplir las necesidades históricas de Cartagena, cada vez más grandes; haciendo lo mismo. Decía Einstein: “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Se debe plantear un modelo de gobierno y desarrollo social y económico diferente; la Alcaldía de Cartagena está obligada, después de derrotar el sistema político tradicional, a presentar una propuesta de gobierno alternativo. Las estrategias utilizadas, históricamente y hasta el momento, han podido fracasar por sí solas. Incluso, no importa el éxito de la innovación, pero no intentarlo podrá sumarse al cúmulo de los fracasos y a la desesperanza.

Por estas razones el modelo administrativo debe cambiar. Cartagena, antropológicamente fracturada, democráticamente impredecible y abusada, institucionalmente desactualizada y sociológicamente escéptica, debe apostarle a transformarse políticamente desde el gobierno distrital y el desarrollo local.

Mis convicciones me llevan a plantear alternativas de gobierno que le permitan a la ciudad, y al Distrito en este caso, descomplejizar sus acciones administrativas. Implementar una gerencia social y de desarrollo comunitario para darle respuesta a nuestras comunidades. La Ley 768 de 2002 importó de Bogotá el modelo de Localidades y borró el noble y participativo sistema de comunas, de una desaparecieron 15 y se convirtieron de la noche a la mañana en tres localidades. Estripamos el desarrollo local y comunitario; hay que reconocer y aceptarlo; no todo lo que nos venden debemos comprarlo. Ahora se monta la Ley 1617/13 que aún no se ha podido reglamentar. Cartagena a la deriva entre 3 y 6. La idea es sumar cuatro localidades y se niegan a hacerlo.

Entonces, se hace imperativo regresar al desarrollo comunitario y ampliar sectorialmente la descentralización administrativa de la ciudad, creando temporalmente una gerencia de desarrollo social y comunitario con 20 gerencias populares que se  sumen territorialmente a las que antes existían; acogiendo la ciudad que hoy tenemos. Así, entonces, constituir cinco comunas más: corregimientos insulares, de la zona norte, barrios unidos (Colombiatón, Bicentenario y Flor del Campo), El Pozón y Nelson Mandela. Escoger o elegir personas de la misma comunidad que conozcan y sufran sus propios problemas. Tiranos o héroes de nuestra raza, paridos en las comunas.  

Cartagena social; objetivo del poder y el desarrollo, la decisión deberá estar en su gente. Necesitamos innovar con las bases sociales de esta ciudad. Debemos enviar un mensaje de inclusión desde el gobierno, representar las bases con autonomía y libertad. Basta de eufemismos que frustran nuestras convicciones. No podemos desdibujar nuestras ideas y principios por asentarnos en el diván del gobierno.

Cartagena necesita una gerencia social y comunitaria, salida de sus propias raíces, y ante la independencia política del alcalde no habrá mejor oportunidad para cumplirla. 

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