Opinión

Lecciones para la crisis

Por Felipe Merlano de la Ossa

En el Outthinker 2020 Virtual Summit, realizado los días 6 y 7 de abril, el Nobel en Economía Paul Krugman respondió una serie de preguntas formuladas por la editora de la revista Fast Company, Stephanie Mehta. El evento fue seguido por miles de profesionales de más de 50 naciones. De los temas conversados, varias ideas del economista norteamericano pueden ser reveladoras para Cartagena de Indias.

La primera se refiere a la magnitud y consecuencias de la pandemia: “Estamos ante una crisis sin precedentes a nivel económico… con un impacto rápido e intenso”. La segunda está relacionada sobre los efectos de la crisis al interior de los países: “…los problemas del sur de Italia, porque aunque el epicentro de la crisis se dio en el norte, el sur es más pobre y puede sufrir mucho más”.

La tercera corresponde a un territorio con preeminencia del turismo: “… y ahora se encuentra con un estado cuya economía depende mayoritariamente de un sector como el turismo, la restauración, los cruceros, etc., cuya actividad está siendo cancelada. Así que en Florida habrá mucho sufrimiento”. La cuarta tiene que ver con una palabra de moda en nuestra ciudad: “Los países avanzados tienen una increíble resiliencia ante el estrés, siempre y cuando tengan un gobierno activo y efectivo”.

Los analistas Piotr Skolimowski y Stephanie Flanders registran que en otra conferencia virtual, Bloomberg Invest Global, Nouriel Roubini -quien advirtió en 2006 sobre el eventual colapso del mercado inmobiliario de los Estados Unidos, sostuvo que percibe un futuro sombrío para la economía global, en donde se presentará una mezcla de recesión con inflación (estanflación) y que la recuperación de los efectos de la Covid-19 se detendrá y la crisis económica puede volverse endémica.

En ese mismo escenario, Joseph Stiglitz, otro Nobel en Economía, afirmó que, ante un futuro pleno de incertidumbre, el tema fundamental es saber qué políticas económicas van a aplicar los gobiernos en la pospandemia. Este par de expertos considera que las desigualdades entre grupos de la sociedad tenderán a agudizarse.

En junio 19 de 2020, el exministro Carlos Caballero Argáez publicó un artículo en El Tiempo, cuyo título es tomado de la frase pronunciada por el famoso economista John Maynard Keynes: “Deberíamos tomar el futuro seriamente porque en él vamos a pasar el resto de nuestras vidas”.

En pocas palabras, el académico colombiano desarrolla la idea de que el futuro ya comenzó con el coronavirus; un fenómeno que cambió al mundo y a las personas, que nos tomó por sorpresa, sin estar preparados, que desnudó nuestras debilidades y falencias, y que ha sido manejado con aciertos y errores. Caballero Argáez nos ve como “un Estado débil, una sociedad polarizada y desconfiada, y una enorme falta de liderazgo”. En su columna reclama una nueva economía, en donde el Estado debe ser mucho más activo, diseñando una verdadera reforma tributaria integral y una reforma pensional como la propuesta por el economista Eduardo Lora Torres, quien piensa en una “reforma sencilla para generar empleo formal: eliminar las contribuciones obligatorias de empresas y trabajadores para los sistemas pensionales, y establecer una pensión básica universal a quienes no tienen una pensión ya subsidiada por el fisco”.

El 21 de junio de 2020, el periodista y analista económico Ricardo Ávila publicó un artículo en El Tiempo con el tenebroso título de “El camino del infierno para la economía colombiana”, donde desnuda su preocupación por algunas señales dadas por políticos de toda la gama de ideologías, que podrían marcar un cambio abrupto en la macroeconomía mejor manejada en los últimos 100 años en América Latina, como es distinguida la de Colombia.

En tiempos del coronavirus, con tantos retos y exigencias, con la necesidad de superar la emergencia económica, social y ecológica, están emergiendo cantos de sirenas que de ser escuchados podrían llevarnos a una debacle económica y social. El temor de Ávila se acrecienta por la sospecha, enunciada en palabras del economista venezolano Moisés Naím, de que “los gobernantes siempre se han mostrado vulnerables a la seducción de las malas ideas”. En estos momentos, las malas ideas serían catastróficas y los daños de la Covid-19 podrían pasar de durar un par de años a lustros o decenios.

El economista Juan Mauricio Ramírez, secretario de Hacienda de Bogotá, principal centro económico y político del país, en una charla con Portafolio el 23 de junio de 2020, anunció que la caída en la economía de la capital del país estará entre el 4,2% y el 8% para la actual vigencia fiscal, lo cual puede afectar el recaudo de los impuestos del Distrito Capital en un rango de $1 a $1,5 billones en 2020, especialmente en el Impuesto de Industria y Comercio. Junto con esto, el mayor gasto en salud para atender la pandemia requerirá $2,6 billones adicionales. Así mismo, el gasto social destinado para atender el plan de mitigación social y económica, y los esfuerzos para  cubrir los huecos que se están presentando en el sistema de transporte masivo por la baja de usuarios ante el confinamiento y el aislamiento social, demandarán mayores recursos.

El secretario de Hacienda de Cartagena de Indias, profesor Dewin Pérez Fuentes, el pasado 25 de junio de 2020, a través de un comunicado público, informó a los ciudadanos sobre la situación financiera y fiscal del Distrito Turístico y Cultural. El funcionario reconoció que “en los dos últimos años se ha hecho bastante notoria la debilidad de sus finanzas, producto en gran medida de una importante cantidad de embargos y obligaciones de vigencias anteriores, que limitan el buen funcionamiento de la administración pública, en especial en su papel obligado de la promoción del bienestar presente y futuro de la población”.

Del mismo modo, el académico encargado de las finanzas locales identificó algunos factores de riesgo que amenazan la salud de las finanzas de Cartagena: millonarios embargos, débil gestión de la defensa judicial del Distrito, la incapacidad de los institutos descentralizados para funcionar con sus propios recursos y su alta dependencia de los traslados recurrentes desde sector central de la administración local, las prescripciones y estado financiero del Transcaribe.

Como quiera que hoy coexisten un déficit de tesorería con ingresos corrientes de libre destinación, decenas de miles de millones en embargos, deudas multimillonarias, pasivos contingentes que se acercan al billón de pasos, estrechez financiera en el sistema integrado de transporte masivo de la ciudad, déficits en el Instituto de Deporte y Recreación -IDER – del Distrito y el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte -DATT, una mayor presión de gasto social en salud y para la estrategia de reactivación social y económica, caída en el Producto Interno Bruto -PIB – departamental y distrital, crecimiento del desempleo y el subempleo, disminución notoria en el recaudo de los ingresos propios (IPU, ICAT, Delineación Urbana, Sobretasa a la Gasolina), entre otros desafíos, bien vale la pena complementar los análisis y disquisiciones de nuestros funcionarios, con lo que nos dicen los expertos mundiales y nacionales.

Amparado en la convicción de que el profesor Pérez Fuentes es un profesional con sólida formación académica, que valora los textos, teorías, modelos y enseñanzas de consagrados economistas como los arriba citados, así como a sus colegas y conciudadanos, le compartimos las siguientes lecciones extractadas de la inteligencia colectiva foránea y doméstica: 1) Estamos ante una crisis sin precedentes a nivel económico y con un impacto rápido e intenso, 2) la crisis golpea con mayor fuerza a los pobres, quienes van a sufrir más, 3) las economías en donde el turismo es un sector económico vital, recibirán un impacto negativo mayor, 4) se necesita desarrollar nuestra capacidad de resiliencia y contar con un gobierno activo y efectivo para superar la crisis, 5) hay que prepararse para un eventual estancamiento de la producción con una presión al alza de los precios, 6) hay que ser estratégicos y acertar al elegir la mejor política económica contracíclica para nuestro distrito, 7) hay que pensar y tomar muy en serio el futuro de nuestra ciudad y sociedad, 8) no es momento para escuchar cantos de sirena con propuestas exóticas y  temerarias, 9) debemos diseñar y adelantar  -lo más pronto posible- un ambicioso programa de inversión en obras públicas para generar empleo, ingresos y tributos para dinamizar el aparato productivo local, y 10) a lo largo de los últimos 30 años hemos construido un Estado débil, una sociedad polarizada y desconfiada, en donde existe una enorme falta de liderazgo  político, económico, académico, cultural, social y ciudadano, lo cual nos obliga a cambiar de paradigmas, si queremos sobrevivir a la crisis.

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