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#S.O.S. Cartagena por la Economía, sí; pero también por la salud y la vida

Editorial

El pasado 15 de mayo, visiblemente impactado por las crecientes cifras que en materia de contagios y decesos por el Covid-19 reportaba Cartagena, el procurador general de la Nación, Fernando Carrillo Flórez, lanzó un angustioso S.O.S. por la capital de Bolívar. Ese día, “de 723 casos positivos en toda Colombia, 127 fueron solo en Cartagena, es decir el 17,57%, segunda en nuevos contagios. Con estos datos, La Heroica alcanza 1.196 casos, es decir el 8% de los casos totales“, publicó el jefe del Ministerio Público en su cuenta en Twitter.

Ya un día antes, en diferentes escenarios públicos Carrillo Flórez había advertido que, ante la dramática situación, el Ministerio de Salud debía redoblar su presencia y aumentar el número de pruebas en el Corralito de Piedra.

De igual forma, había hecho énfasis en que, en términos porcentuales, los números diarios de contagiados y muertos en la capital de Bolívar eran realmente alarmantes, por ello publicó varios trinos con el llamativo hashtag ‘#SOSCartagena‘.

La batalla contra el Covid-19 se le salió de las manos a las autoridades regionales de Cartagena, por eso solicitamos la intervención del Estado central“, advirtió tajantemente el procurador; “las cifras son críticas; en esta ciudad el coronavirus va en ascensor y las pruebas por la escalera“.

De manera deplorable, el clamor del alto funcionario fue desoído por la dirigencia local. A pesar de que -en efecto – una serie de sucesivos yerros mostraban de cuerpo entero a unos funcionarios distritales incapaces de enfrentar el temido virus con la contundencia debida (“la batalla contra el Covid-19 se le salió de las manos a las autoridades regionales de Cartagena“, fueron las palabras de Carrillo), el angustioso y legítimo clamor pareció no importarle a nadie.

Sin embargo, cuarenta días después: el pasado 25 de junio, otros actores lanzaron otro S.O.S. por Cartagena, pero esta vez ya no por la alarmante expansión de la pandemia en La Heroica (ese día los contagiados eran 7.091, y los muertos 266), sino por la crisis que el confinamiento causa a la economía local.

Y allí sí, la dirigencia gremial y empresarial de la ciudad, más “la Alcaldía, la sociedad civil y las fuerzas vivas de la ciudad“, como destacó ese día El Universal, se sumaron a la loable campaña, a la cual -claro está – también adhiere sin reservas Revista Metro.

Y ese mismo día, el Distrito anunció la instalación de una “Comisión Distrital de Reactivación y Adaptación Económica y Social“, conformada, entre otros, por funcionarios de varias Secretarías, con el objeto de implementar un “Plan de Acción para reactivar y adaptar a Cartagena en lo económico y lo social, tras el impacto del Covid-19 en la ciudad“.

A la Dirección de Revista Metro le preocupa -claro que sí – la tragedia que para miles de familias representa la pérdida absoluta o parcial de los ingresos que requieren para subsistir, y por ello respalda toda iniciativa tendiente a revertir -hasta donde sea posible – la dramática situación.

Por ello, también creemos que el Gobierno Nacional debe apoyar “a la población en condición de vulnerabilidad“; implementar un “plan de salvamento empresarial para evitar la mortandad empresarial y la pérdida de empleo“; desarrollar un “Programa de reactivación económica para implementar los protocolos de bioseguridad que permitan generar confianza en el proceso de reapertura“; e impulsar la “aceleración de la inversión pública (…) en la ciudad para generar y reactivar el empleo“, como se le pidió perentoriamente al presidente de la República.

No obstante, inquieta que muchos actores locales, incluido el Distrito, parecieran privilegiar la salud de la economía sobre la salud y la vida de las familias cartageneras, ya que no han mostrado igual angustia por el galopante aumento de las cifras de decesos y contagios que muestra Cartagena día a día, ni por el hecho de que los largos días de confinamiento no hayan sido aprovechados, como fue su razón de ser, para preparar debidamente la atención hospitalaria.   

Ayer, 4 de julio, la capital de Bolívar reportó 246 nuevos casos positivos y 6 nuevos decesos por el coronavirus, con lo cual los contagiados y muertos ascienden a un total de 9.041 y 355, respectivamente. Sin tener en cuenta su población -es decir, en términos absolutos – entre las ciudades con mayor número de habitantes Cartagena es la tercera con más contagios y decesos, seguida relativamente cerca de Cali y Medellín. No obstante, por millón de habitantes, la situación de la Ciudad Heroica se muestra realmente alarmante, ya que en ambos casos es segunda, muy por encima de Bogotá, Cali y Medellín. Mientras los contagiados en Cartagena son, hasta ayer, 8.553,87, en Bogotá son 4.207,95, en Cali 3.496,31 y en Medellín 1.227,55. Y mientras los muertos son en Cartagena 335,61, en Cali son 115,77, en Bogotá 95,10 y en Medellín 9,74.

Pero, como hemos dicho, este drama pareciera preocuparle más al señor procurador, y a otros muy pocos actores, que a la mayoría de la dirigencia local, la cual celebra, con razón, que el alcalde haya designado como coordinadora de la Reactivación Económica a una profesional destacada, con un merecido prestigio entre los gremios y la opinión pública en general, pero no se inquieta que al frente del Departamento Administrativo de Salud del Distrito –Dadis – permanezca ¡en calidad de encargada! una profesional con buena voluntad (posiblemente sí), y bien intencionada (seguramente también), pero cuya hoja de vida dista mucho de la que debe poseer quien pretenda librar con éxito la batalla contra el coronavirus en los barrios de Cartagena: un auténtico general de cuatro soles, como impone la sana lógica. Y en este caso, pareciera no importarles que tanto en el Dadis como en la ESE Hospital Cartagena de Indias, el ente que opera los puestos de salud de la ciudad, exista un caos administrativo tan grande que las renuncias de altos funcionarios son el pan de cada día.

Se dirá que lo que ocurre en el Dadis y en la ESE no es muy distinto a lo que -en general – sucede en el Distrito, y así es; en efecto. Por los constantes yerros tanto del titular como de varios de sus colaboradores, por la adopción de un inadecuado ‘ensayo y error‘ como modelo de gobierno, la Administración local se asemeja a un barco a la deriva en medio de una colosal tormenta, con un capitán que perdió el sentido, un timonel mareado de tanto girar en círculo y unos oficiales y marineros desorientados por la ausencia de mando.

Pero, justamente, es ello lo que inquieta: que a la vista de todos esté la ciudad hundiéndose en el más profundo abismo, sabiendo -también todos – el porqué de la caótica situación, pero se sigue en la misma barca, sin rumbo alguno, con un capitán que insiste -ya se sabrá por qué – en su modelo de ensayar, errar e intentar corregir, a veces sin ningún alguno.

Reactivar la Economía, claro que sí; pero, para ello, ¿no debe primero reactivarse la ciudad y garantizarle la salud y la vida a sus habitantes? Los muertos no trabajan, ni consumen alimentos, y menos compran televisores o neveras. Y, sobre todo, una Administración descuadernada, sin rumbo y cada vez más distante de todos, no garantiza desarrollo ni bienestar alguno.

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