Esto opino

Alcalde Dau, pare… para avanzar

Por Juan Conrado Ovalle *

Ha cumplido el alcalde de Cartagena de Indias el primer semestre de su administración, el cual ha estado signado por problemas y situaciones encontradas de administraciones anteriores, además de la realidad especial generada por el coronavirus, lo cual ha exigido del burgomaestre y sus colaboradores dedicación especial para el manejo de la pandemia en sus diferentes aristas y en consecuencia tratar de evitar los resultados letales del virus, cuya máxima consecuencia se traduce en fallecimientos de personas contagiadas.

Debemos comenzar por señalar que en estos primeros meses de gobierno se han dado una serie de actitudes en la orientación de la ciudad, que han puesto a dudar a la ciudadanía sobre el éxito de la administración Dau, ya que genera serias dudas de que se puedan lograr resultados positivos de continuar el talante hasta ahora mostrado. En ese orden de ideas encontramos como una característica notoria del alcalde en ejercicio la confrontación, en lugar del respeto y la concertación bajo principios. Así, hemos observados rifirrafes con concejales, funcionarios antiguos de la administración, congresistas y el gobernador de Bolívar. No se han escapado ni funcionarios de los órganos de control como el contralor general de la Republica y el procurador general de la Nación, con las consecuencias que se puedan derivar por la forma como se realizan señalamientos o emiten juicios contra representantes de instituciones que merecen el mayor respeto, sin que ello signifique de ninguna manera arriar la banderas contra la corrupción como estandarte que le permitió al actual alcalde llegar al Palacio de la Aduana.

Otra característica que ha marcado el transitar en estos seis meses de gobierno ha sido la generalización y las retractaciones, donde en más de una ocasión el burgomaestre ha realizado acusaciones de manera ligera, teniendo al poco tiempo que retractarse o “tragarse los sapos”, como [el mismo lo ha manifestado; todas estas conductas minan la credibilidad del mandatario, con las consecuencias que ello conlleva.

Igualmente, en el tiempo transcurrido no se percibe que se haya consolidado al interior de la administración un verdadero equipo de gobierno que actúe coordinadamente bajo una orientación asertiva para el logro de unos objetivos claramente definidos que deben estar enmarcados dentro del Plan de Desarrollo y las nuevas condiciones derivadas por el coronavirus.

Otra dimensión de las declaraciones “dausianas”, que causaron  gran revuelo en diferentes círculos, fueron aquellas donde indicaba que el Distrito arrastraba una situación financiera colocándolo al borde de la quiebra, ante lo cual el secretario de Hacienda le salió al quite aclarando técnicamente la imposibilidad de quiebra del ente territorial, ya que dicha figura está calificada para las personas naturales o las empresas del sector privada. Queremos pensar que las desafortunadas afirmaciones del alcalde obedecieron más a un acto de desespero y angustias para mostrar la difícil situación financiera por  la cual pasa nuestra ciudad, agravada hoy y más aún a futuro, por la pandemia del coronavirus.

Ante todos los vaivenes de la Administración distrital en el semestre transcurrido, es importante que sin perder su esencia de luchar contra la corrupción, el alcalde y su equipo de gobierno hagan un pare, analizando objetivamente, sin apasionamientos, la situación que se está afrontando, y lo más importante, lo que viene, para corregir, tomar acciones oportunas, a fin de llenar las expectativas de una ciudadanía harta de la corrupción sufrida por la ciudad de tiempo atrás, sin que se hayan castigado a los responsables de manera severa por parte de los organismos de control.

No deben hacerse grandes ilusiones quienes le apuestan al fracaso o caída del alcalde Dau, para volver al poder y seguir prácticas que comenzamos a superar, rompiendo la creencia de aquellos que por el hecho de acceder a un cargo por elección popular o designación se consideran investidos de una patente para disponer a sus anchas de los recursos del erario, incluyendo la apropiación de estos; de ahí que muchos de los cuestionamientos a la actual administración en materia de contratación sean en cierta forma tolerados por parte de la ciudadanía, lo cual tampoco puede ser aceptado, ya que se debe cumplir de manera rigurosa con toda la normatividad, sin ningún tipo de distinción.

Luego  surge la dualidad y preguntas sin explicación. ¿Por qué investigaciones y hechos de corrupción que vienen de años atrás no han logrado dar resultados concretos en procesos tanto fiscales como disciplinarios? Ellos duerman en anaqueles nauseabundos, mientras se genera la sensación de querer ser más rigurosos con el alcalde Dau con relación a pasadas administraciones del Distrito y el Departamento. Valga señalar que no es de buen recibo el lenguaje y el desconocimiento institucional de los cuales en ocasiones ha hecho gala el mandatario local, lo cual tampoco da pie para que la aplicación de justicia pueda ser selectiva y  amañada.

El panorama actual y el difícil futuro inmediato exigen más integración y menos confrontación si de verdad queremos salvar a Cartagena.

El tiempo de los mandatarios mesiánicos y autoritarios pertenece al pasado.

* Ingeniero Industrial, consultor empresarial

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