Esto opino

Tantas noticias, ¿para qué?

Por Laura Andrea Barros Vega *

Semanas después de los sucesos ocurridos en Tasajera, en las noticias continúan hablando de la tragedia que han estado viviendo desde entonces los familiares de quienes resultaron afectados con la explosión ocurrida. Desde que tengo memoria, no recuerdo que este corregimiento haya recibido con tanta vehemencia atención e incluso ayudas para sus habitantes; a pesar de que solo al buscar en Google noticias relacionadas con el corregimiento se encuentran textos realizados por periodistas con el objetivo de exponer y denunciar las problemáticas de pobreza y segregación social con la que sus habitantes han convivido por mucho tiempo.

Más allá de la valoración que cada uno le quiera dar a la actuación de quienes estuvieron involucrados en el accidente, esta situación lo que muestra es un territorio donde el olvido estatal ha generado una tierra de nadie, con prácticas, formas de vida y de trabajo que responden a lo que tradicional, cultural y económicamente han podido hacer para sobrevivir.

Sin embargo, al pasar por la carretera que conecta el mundo con Tasajera siempre te encuentras con la propaganda política de los gobernantes electos, que queda durante los 4 años de gobierno adornando las fachadas de las casas, los cuales una vez llegan al poder olvidan las promesas de avance social realizadas a sus votantes. Y nosotros como ciudadanos pasamos y decimos expresiones como “pobre gente, cómo vive” y hasta ahí llega la preocupación por el tema. De pronto podemos poner tuits o comentarios en redes con un toque de indignación que muy pocas veces trascienden a más, hasta que volvemos a pasar por la vía o cuando tristemente ocurren situaciones como las mencionadas al inicio de esta columna.

Mi papá en una tertulia familiar concluía que una de las preocupaciones más grandes que deja la pandemia no es solamente la enfermedad en sí, sino que definitivamente en estas situaciones te das cuenta de que no se puede tapar con los dedos de las manos los vacíos sociales, económicos y de educación que la corrupción e indiferencia han generado en Colombia. Lo ocurrido en Tasajera no solo pasa ahí, ocurre en varios territorios del país a diario, territorios donde las personas empiezan a normalizar prácticas prudentes o imprudentes que por lo menos les puedan entregar lo suficiente para sobrevivir, y se han acostumbrado tanto a vivir de esa manera que estos actos hacen parte de su cotidianidad y comportamientos heredados.

Ustedes se estarán preguntado hacia dónde quiero llevar esta columna. Esta es la respuesta: quiero que hagamos -ustedes, lectores, y yo- un pare en el juicio o atención momentánea que le damos a estos sucesos para empezar a preguntarnos a profundidad ¿para qué? ¿Para qué estudiamos? ¿Para qué trabajamos? ¿Para qué le damos tanto bombo y platillo si mañana cuando pase la tragedia no nos vamos a acordar de Tasajera? ¿Para qué vivimos? ¿Para qué votamos? ¿Para qué juzgamos, lamentamos, lloramos, tuiteamos e incluso escribimos columnas si mañana probablemente se nos olvide las necesidades que las personas pasan a diario?

Cuando intento responderme a mí misma esa pregunta, lo primero que se me viene a la cabeza es que consumir noticias sobre Tasajera nos debe llevar a hacer consciencia, pero no sirve una consciencia momentánea, lo que se necesita es una consciencia con acción. Probablemente no podremos solucionar el problema de Tasajera y de otros territorios inmediatamente o en su totalidad, pero sí podemos hacer a diario acciones pequeñas para que se prevengan y se deje de normalizar la indiferencia selectiva hacia la realidad de los demás.

Hay un concepto que me gusta bastante y se llama “Entanglement” o “Entrelazamiento” que no es mas que el reconocimiento de que todos hacemos parte de la misma unidad, aún cuando material y físicamente nos encontremos distanciados. Todas nuestras acciones siempre afectan a quienes hacen parte de esa totalidad. Es decir, solo el hecho de que tú empieces a ser consciente de que no eres el único o la única en el universo, y que contrario a esto con cada uno de tus actos no solo impactas tu vida, sino la de tu entorno y mucho más; entiendes que incluso levantarte a votar un domingo cada cuatro años, así creas que no vale la pena ni hace la diferencia, vale la pena porque algún efecto tendrá; y en ese acto tan sencillo, podríamos empezar a escoger candidatos diferentes que no solo les importen los territorios con alta condición de vulnerabilidad en temporada electoral o cuando ocurra una tragedia, sino que también entiendan que su obligación es empezar a aportar en la creación de entornos diferentes para los ciudadanos que realmente son sus ‘jefes’ y veedores.

Cuando nos damos cuenta que en cada uno de las preguntas realizadas anteriormente hay un ‘para qué’ que puede aportar a una sociedad mejor, desde realizar procesos de empoderamiento personal como la votación cada cuatro años, dejamos de ser los seres humanos que hablan de “las pobres condiciones en las que otros viven (o incluso yo mismo)” para poder desde las pequeñas acciones empezar a aportar a que las situaciones de vulnerabilidad en este país empiecen a disminuir. Cuando respondas tus para qué, date cuenta que desde lo más sencillo de la vida podemos aportar para que la situación que Tasajera no solo vivió con el accidente de hace unos días, sino que vive a diario cambien. Al final siempre estaremos entrelazados.

Tantas noticias, ¿para qué?… Para que por primera vez generemos la consciencia necesaria que nos lleve a tomar acciones, esta vez entendiendo que somos parte de un todo y que desde en lo más mínimo podemos afectar positiva o negativamente la vida de los demás. 

*Politóloga, magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo, mentora espiritual y coach

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