Esto opino

Se hicieron los locos

Por Danilo Contreras Guzmán *

A finales del mes de mayo de esta perturbadora anualidad, un grupo de cartageneros, inquietos por los efectos que en materia social y económica tendrá la pandemia, dirigimos, no sin cierto candor, una comunicación a señor alcalde y al Concejo Distrital de Cartagena, así como al señor gobernador y a la Asamblea Departamental de Bolívar.

La carta solicita una política de progresividad fiscal a efectos de que los que más tienen en la ciudad y el departamento sean, justamente, quienes más contribuyan con recursos a la superación de la grave crisis que atravesamos. Se sugiere allí a los gobernantes una reforma tributaria en los niveles distrital y departamental que elimine perniciosas exenciones, así como el ajuste técnico y equilibrado de las tarifas de predial unificado e industria y comercio en lo local, así como del impuesto de registro en lo departamental.

De igual manera se impetró la reglamentación de la plusvalía resultante de las acciones urbanísticas, conforme lo previsto en la Ley 388 de 1.997, cuya ausencia ha impedido que predios beneficiados por importantes obras de desarrollo retribuyan la valorización que han tenidos las propiedades, además de la reglamentación del derecho de compensación por uso de bienes públicos que realizan poderosas empresas en los bordes marítimos y lacustres de la ciudad, que les ha significado pingües ganancias que han acumulado por décadas.

Las inquietudes esbozadas en la referida misiva se encuentran más que justificadas en inquietantes cifras. Un estudio del Banco de la República señala que el impacto económico en el Departamento de Bolívar puede llegar al 6.2% del PIB en un mes de aislamiento del 60% de la población ocupada. Según las previsiones, los costos de la recuperación rondarían el billón de pesos en el cuatrienio.

El capital no se esfuma, se concentra. Los ricos de antes siguen siéndolo ahora y los pobres de antes ahora son más pobres. Autores como Piketty han demostrado que la tasa de rendimiento del capital privado aumenta más rápidamente que la economía y en ello encuentra la razón fundamental de las escandalosas desigualdades que el virus hace aún más patéticas.

En Cartagena y en el Departamento la concentración de la riqueza insulta los valores de la justicia y la solidaridad.

Un estudio elaborado por Aarón Espinosa (El recaudo del impuesto predial en Cartagena, 1.984 – 2.010) señala: “Sin embargo, con relación a sus aportes al impuesto predial, son los grandes predios, con baja densidad construida, y los más valorizados por la reciente burbuja inmobiliaria, los que menos aportan a las finanzas territoriales, dejándole el mayor peso a las pequeñas unidades residenciales o de negocios

Y más adelante da cuenta el referido estudio de estas llamativas cifras: “Según los datos del IGAC, los grandes terrenos urbanizables se concentran en pocos propietarios (0,07% del total), que son dueños de 1.383.086 m2 y mantienen un promedio superior  a  20  mil  m2 por persona. Esta cifra es  cinco veces mayor que el promedio nacional de las zonas urbanas colombianas para el mismo rango”, para concluir que “las bajas tasas de  tributación y la incapacidad de aprovechar fiscalmente la fuerte expansión urbana, las actualizaciones catastrales y las reformas tributarias de las últimas dos décadas demuestran las debilidades estructurales de la administración tributaria local que impiden la mejora de los indicadores  asociados al recaudo del predial”.

De otro lado, las 200 empresas más grandes de Cartagena poseen en conjunto activos por $38,8 billones de pesos y reportaron ingresos operacionales por 16,1 billones en el 2014, según reporte de la Cámara de Comercio.

Por su parte, según datos de Cedetrabajo, la tierra en “el Departamento tiene 61.400 propietarios rurales, pero 72 abrazan propiedades que superan las 8.800 hectáreas”.

Es evidente que son los más ricos quienes les deben a la sociedad mayores esfuerzos para superar los efectos catastróficos de la pandemia, considerando que la riqueza no corresponde solamente al talento o al esfuerzo del capitalista, sino que a ella contribuye de forma eficiente la labor de los trabajadores y los contextos legales y normativos que sirven de garantía para que los ricos gocen de privilegios que en no pocas ocasiones pueden calificarse de estrafalarios.

La carta de los ciudadanos invocando la progresividad fiscal para paliar la pandemia que buscaba abrir un debate serio y amplio al respecto quedó flotando en un mundo quimérico, pues ninguna de las autoridades aludidas han tenido siquiera la cortesía de cumplir con su deber legal de dar respuesta a la solicitudes respetuosas elevadas por los ciudadanos. Sin embargo, cuando las omisiones de los gobiernos y los dirigentes provocan la reacción de la sociedad por la vía de los hechos, no demoran los “ayays” y las acusaciones contra los revoltosos que no hacen uso de los medios pacíficos que les ofrecen la Constitución y las leyes.

Sí, se hicieron los locos, muy seguramente porque no está entre sus prioridades orientar verdaderas, justas y profundas transformaciones.

* * Abogado especialista en Derecho Administrativo y Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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