Esto opino

El día después de la pandemia

Por Carlos Feliz Monsalve *

La pandemia como todo evento adverso debe regalarle a la humanidad algunos saldos positivos y propositivos de cara a los días futuros. El confinamiento más rígido e inesperado de esta época contemporánea nos sentó a pensar y reformular los canales de interacción social, así como los medios para desenvolver nuestras funciones diarias.

Tanto las empresas privadas como el sector público recibieron un reto inadvertido, el de tener que seguir desempeñándose con normalidad sin la presencialidad de los colaboradores, que son el medio para conseguir los resultados. Impensado era para todos que un dibujo animado futurista como ‘Los Supersónicos’ terminaría por ser una predicción en este presente inédito (videoconferencia, telemedicina, teletrabajo, estudio virtual, entre otros). Ya no es extraño participar de una conferencia a través de los celulares, computadores, tabletas y cualesquiera otros dispositivos que permita la interfaz. Llegar tarde no es una excusa válida hoy.

No obstante, y si bien se ve un avance significativo y la existencia previa de algunas herramientas propicias para suplir nuestra presencia en los recintos laborales, debemos ser visionarios y comprender que esta crisis no será la única que podamos afrontar en los años venideros, por lo que hay que seguir en un ejercicio constructivo donde la finalidad misma sea la resolución de los problemas sociales y necesidades con cargo a las tecnologías.

Pensemos en grande, tengamos en cuenta todos los óbices que en este tiempo nos han empujado a adaptarnos a un mundo dominado por la Internet pues, sin esta, hasta la consulta del clima todavía sería un periplo. Desde las esferas superiores del Gobierno Nacional se deben seguir impulsando programas, proyectos y planes que terminen por dotar a las regiones de instrumentos y herramientas transaccionales para la gestión de los intereses públicos.

No es posible que, en dos décadas del siglo XXI, todavía no contemos con bases de datos consolidadas, donde podamos tener la información precisa, actualizada y necesaria de cada ciudadano de la República. Todos los registros públicos deben ser un entramado que nutra un gran banco de datos personales que en ninguna medida podrá entenderse más allá de un ‘gran radar social’, fundado en el respeto de la intimidad individual. Insisto, no será una herramienta de consulta particular, ni destinada a fines delincuenciales; todo estará a cargo del Estado, sin que bajo ninguna circunstancia sea un Estado Policial.

Digo esto porque es conocido todos los inconvenientes que en un principio tuvo que sortear el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas -DANE – cuando lanzó el Ingreso Solidario, un programa que se basó en una iniciativa loable para la atención humanitaria de las familias menos favorecidas y duramente golpeadas por los efectos indirectos del mal pandémico, pero que sin lugar a dudas tuvo que ser reajustado por las fallas presentadas al momento de generar los resultados, lo que a la postre trajo consigo la pérdida de credibilidad y juicio de reproche de la ciudadanía en general.

Estamos en una nueva realidad social, en la que ya se habían entregado avances para las tecnologías de la comunicación y la información; muestra de ellos es que, pese al crecimiento exponencial del uso de las plataformas tecnológicas, las mismas no han colapsado. Tenemos que caracterizar todo, debemos identificar todo, para lograr políticas públicas eficientes y eficaces, donde se individualice a cada ciudadano desde el momento de su nacimiento, hasta el de su deceso. Reitero, no podemos seguir caminando a ciegas.

Por supuesto que, al cristalizarse esta idea, la custodia y buen manejo de la información debe ser absoluta. Cero infalible, y trato de los datos con suma responsabilidad, para así garantizar que estos no terminen siendo un arma que afecte y limite las libertades de la comunidad. Quizás para muchos esto resulte ser una teoría conspirativa, pero lo cierto es que ya existen naciones donde es una realidad, y en esta creciente globalización Colombia no puede quedarse atrás.

La construcción de este radar social permitirá conocer en tiempo real los aspectos necesarios para adelantar los programas estatales de asistencia y apoyo a la población más vulnerable, desde la prestación de los servicios sanitarios hasta la equilibrada distribución de las rentas y recursos para cada latitud de Colombia. En otras palabras, se busca con ello entregar a cada cual lo que requiera y necesite, sin que existan inexactitudes u errores que sean tildados de corrupción.

El día después de la pandemia tocará nuestra puerta, y sin olvidar lo duro que ha sido y las pérdidas registradas, debemos abrazar la revolución digital y reformularla a las necesidades nacientes. Quizás el Covid-19 se supere, pero siempre pensaremos en lo que pueda ocurrir, no perdamos el valor y el calor de ser humanos por mostrarnos a través de un artefacto, pero si entendamos que las nuevas concepciones, productos de nuestro ingenio, son puentes de desarrollo que nos permitirán llevar una vida más responsable y ágil.

* Secretario del Interior y Convivencia Ciudadana de Bolívar

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