Esto opino

La justicia dúctil

Por Enrique del Río González *

La función de los jueces no es nada fácil, fungir como dioses del Olimpo decidiendo sobre el bien, el mal, los destinos personales, familiares y sociales; es tarea complicada, además de una responsabilidad infinita. La herramienta para cumplir la honrosa misión se encuentra principalmente en la ley, que debe ser complementada por una imperturbable capacidad de discernimiento y la objetividad e inteligencia para valorar el conjunto de hechos relevantes sobre los cuales ha de resolver.

Dentro de un proceso siempre habrá intereses en contienda, lo que garantiza que al menos una de las partes quedará indispuesta con el fallo, cualquiera sea el sentido. La tranquilidad del juez estará enmarcada en su conciencia, aquella que le permitirá dormir sin la angustia de haber errado, cuando su inclinación natural obedeció a la percepción de lo justo, sin segundas intenciones. De esta manera se garantiza, incluso ante el equívoco, que la función jurisdiccional se cumplió a cabalidad y limpiamente.

Pero ¡ay! de quien inclina la balanza por motivos innobles, apartando la norma o dándole un alcance al nivel de sus retorcidas finalidades, que no siempre tienen componente de coima. Es tan dañino un juez venal como uno pusilánime que ante presiones externas desatienda cobardemente la evidencia, la legislación y transite sin reparos por el sendero del prevaricato.              

En el panorama mundial se habla del derecho dúctil, aquel conformado por principios y valores generales que se adecúan a las realidades sociales cambiantes, teoría aceptada y compartida. Pero, lo que no puede ser blando y acceder a los influjos es la correcta valoración de la prueba y la independencia judicial como garantía de las sociedades democráticas.

La judicatura no puede ceder ante ningún tipo de coacción o manipulación; cualquier orilla en la que se pretenda la influencia indebida estará equivocada. La persuasión se ejerce dentro de la causa, con argumentos legales y probatorios. La provocación del juicio paralelo en aras de forzar el sentido de providencias es una bajeza. El togado debe estar más allá de esos avatares, tener claro que no puede ser movido por tendencias, ideologías, amores u odios. De sobrevenir alguna de estas perturbaciones de ánimo, que no son extrañas, corresponde gallardamente apartarse del caso para preservar las garantías generales.

Por eso creo que no se debe normalizar la imprudente intromisión de los medios de comunicación en los asuntos judiciales. Ahora todos posan de expertos opinando sobre casos connotados que desconocen. Es válido informar sobre los sucesos de interés, pero ello dista de lo que hoy maliciosamente se pretende: un intento de moldear la justicia a la medida del provecho particular, en desatención de la realidad fáctica y los postulados legales.

Abogado, especialista en Derecho Penal y Ciencias Criminológicas; especialista en Derecho Probatorio. Magister en Derecho. Profesor Universitario de pregrado y postgrado. Doctrinante.

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