Esto opino

Carta abierta al doctor Álvaro Uribe Vélez, Senador del Centro Democrático

Por Luis Enrique Torres Fernández *

Honorable Senador, quiero iniciar deseándole una pronta recuperación de su salud ante su contagio de Covid-19. Para mí lo más importante es la vida siempre.

Soy un ciudadano nacido en la región de los Montes de María, corredor estratégico de la guerra desde antes de la Seguridad Democrática que usted ha venido impulsando, como método más efectivo, para alcanzar la paz sin impunidad que tanto pregona desde su posición política y económica.

A los 15 meses de su primer mandato mi padre fue asesinado por la guerrilla. Como yo, centenares de miles de niños nos quedamos huérfanos mientras funcionaba la seguridad democrática.

Desde muy joven tuve que abandonar mi municipio porque en la época en la que me gradúe de bachiller era casi imposible acceder a la universidad. El expresidente Pastrana, a través de su famoso Acto Legislativo 01 de 2001, la Ley 715 de 2001 y el Decreto 12778 de 2002, inició una nefasta reforma educativa que recortó el presupuesto de educación y limitó la capacidad de los alcaldes y gobernadores. Esta política la profundizaron usted, en sus primeros ocho años de Gobierno, y el expresidente y exministro de su administración, Juan Manuel Santos, en sus ocho años. Pastrana, usted y Santos nos negaron la oportunidad a una generación completa de tener acceso universal a la educación en todos los niveles.

Por esa razón me vine a estudiar a Cartagena, ciudad en la que llevo viviendo la mitad de mi vida y he podido, como la mayoría de los jóvenes colombianos que vamos a la universidad, desafiar las decisiones excluyentes. Agradezco mucho a Cartagena de Indias por recibirme como uno de los suyos.

Debo confesar que cuando usted inició su mandato yo era un niño de 13 años que empezaba a ver RCN y Caracol, y me volví uribista. Fui uribista un buen tiempo. El referendo anticorrupción que usted lideró en el 2003 y su discurso con “mano firme, corazón grande” me tenían entusiasmado. Sentía que cada vez que usted le decía bandidos a las Farc estábamos ganando la guerra. Me sorprendía ver tantas encuestas donde siempre su popularidad estaba por encima del 60%.

Sin embargo, debo hacer otra confesión. Dejé de ser uribista el día que fui consciente de un vídeo de Youtube donde aparecía el señor Tito Díaz, conocido popularmente así, quien para ese entonces, en el año 2003, era el alcalde del municipio de El Roble, Sucre. Este señor casi, que rogándole, le pedía que salvara su vida de otro señor que estaba al lado de usted, Salvador Arana, en ese entonces gobernador de Sucre. Usted le pide a su secretaria que anote que se hiciera lo pertinente ante las autoridades competentes. Finalmente pasó lo que en este país era más fácil que ocurriera: fue asesinado a los tres meses, de manera cobarde, el señor Tito Díaz, fundador, luchador y primer alcalde por elección popular de ese municipio.

Sin embargo, lo que me separa de usted no es eso. No lo estoy acusando de asesino ni cómplice, jamás lo he hecho. Lo que más me causó escozor fue su decisión de nombrar al señor Arana como embajador de Colombia en Chile. A quien después le solicita, vergonzosamente, ante el gobierno chileno, su regreso al país para que enfrentara el proceso del alcalde asesinado, por el cual años después fue condenado a 40 años. Aún los familiares del alcalde asesinado siguen esperando respuestas, el municipio de El Roble y la sociedad colombiana misma, seguimos esperando respuestas.

Honorable Senador, siempre he querido hacerle esta pregunta:

¿Por qué usted teniendo el más alto respaldo popular, apoyo mayoritario del Congreso de la República, apoyo de todo los dueños de capitales y empresarios, apoyo de las grandes terratenientes de este país, apoyo de medios de comunicación, apoyo de la Iglesia, apoyo de los Estados Unidos, no usó todo esto para cambiar la historia de Colombia, para hacer de este país una versión de paz, democracia y prosperidad? ¿Por qué no lo hizo, doctor Uribe, si usted lo pudo haber hecho?

En cambio nos dejó una de las sociedades más desiguales del mundo. Permitió que el campesino se quedara sin tierra. Más de ocho millones de víctimas de este país no quedamos agradecidos con su obra de Gobierno.

A mí no me pueden acusar de guerrillero porque la guerrilla mató a mi papá. A mí no me pueden marcatizar de izquierdista, lo cual no es delito, porque nunca he militado en un partido de izquierda. No me pueden estigmatizar con el cuento del ‘castrochavismo’, porque eso no existe.

No es mi deseo verlo preso, honorable senador, para nada. Yo no odio ni practico la venganza. Yo práctico la política del amor, la política del entendimiento entre los diferentes. Yo sé lo que usted significa para este país y sé que aún puede ayudarnos a construir una Nueva Colombia.

Queremos conocer la verdad, queremos reparación de las víctimas, queremos que se le devuelva la tierra al campesino, al indígena y al negro, sus primeros propietarios. Queremos un país donde no se persiga al que piense diferente, donde no se diga guerrillero al que no piense como usted y paramilitar al que piense parecido a usted.

Esto solo es posible si nosotros como sociedad decidimos dejar de tenerle miedo al cambio. Solo un gobierno pluralista conformado por las fuerzas sociales y democráticas de Colombia puede ser capaz de negociar con usted la paz, la justicia y la democratización de la tenencia de la tierra.

Solo así los jóvenes tendremos la oportunidad de ser. De no ser perseguidos ni estigmatizados por ejercer nuestros derechos y nuestras libertades. Pedimos educación, salud, tranquilidad.

Lo único que pedimos es felicidad, porque para eso es la política.

Con respeto le hacemos esta notificación democrática.

Muchas gracias.

* Politólogo y activista social

.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es aviso-tinaja-domicilios.jpg

Etiquetas

Publicaciones relacionadas

Mira también

Cerrar
Cerrar