Esto opino

Los constructos del miedo

Por Germán Danilo Hernández *

Según la Real Academia de la Lengua Española, un constructo es “la construcción teórica para comprender un problema determinado”. El origen teórico puede corresponder a diferentes motivaciones, intereses e ideologías, lo que conlleva a que la compresión de los problemas se ajuste a ese origen subjetivo.

Desde las ciencias sociales, se aborda el estudio de los llamados “constructos sociales”, que corresponden a significados, nociones o connotaciones que las personas otorgan a diferentes objetos, eventos o circunstancias, y que determinan su interacción, armonía o conflictos. “En ocasiones, un constructo social constituye una idea o una noción que parece ser natural y obvia para los individuos que la aceptan, aunque no represente fielmente la realidad”, advierte el psicólogo sanitario Unai Aso Poza.

Conociendo la importancia que tienen los constructos en la organización social, estos se convirtieron en mecanismos de poder, y componentes esenciales de la estrategia política. Basta con generar teorías sobre una situación determinada, lograr que sean propagadas a través de medios masivos de comunicación, o de efectivas experiencias de voz a voz, para que estas sean asimiladas por la gente, y asuma con convicción sus posiciones de defensa o de ataques a la causa. Esa modalidad de manipulación de masas no es exclusiva de ideologías o de partidos políticos; les funciona por igual a caudillos de derecha e izquierda.

Entre las construcciones teóricas a las que se acude desde la estrategia política, para moldear adhesiones masivas, se destaca el miedo, por ser precisamente este “una emoción de tipo defensivo” (Fanselow, 1994) a una amenaza que podría ser real o imaginaria.  Ello explica entonces por qué desde hace algunos años Colombia ocupa un lugar de vanguardia en la obtención de resultados políticos a partir de los constructos del miedo.

La decisión de determinados sectores de la población de depositar su confianza ciega en mesías que ofrecen la salvación ante hecatombes fabricadas, sigue siendo su reacción ante el miedo. Pero bajo el amparo de tales constructos, hace carrera ahora la intención de eliminar matices de pensamientos, para pretender establecer exclusivamente dos opciones de sociedad y de líderes: buenos y malos, honorables o corruptos; de “centro salvador” o de extrema izquierda apocalíptica.

En virtud de ello, expresidentes y exvicepresidentes que siempre representaron el rancio abolengo de la derecha colombiana, intelectuales y académicos, encumbrados magistrados de las Altas Cortes, demócratas, líderes de centro o de izquierda moderada, e inclusive un joven alcalde independiente, pasaron de la noche a la mañana, por cuenta de sus acciones, y del miedo infundado, a ser considerados como puntas de lanza del abominable “castro-chavismo”.

Pero esos constructos de la política no son exclusivos de nuestro entorno, se imponen en otras latitudes, inclusive en contraposición a las evidencias de la historia. Tres décadas después de la caída del muro de Berlín, del celebrado fracaso del modelo socialista, de las frustradas experiencias neocomunistas en América Latina, ¿quién podría imaginar que la estrategia republicana para detener el avance de los demócratas, por cuenta de los desaciertos de Trump, sea convencer a los electores de que los Estados Unidos están a punto de sucumbir ante la temible izquierda radical universal que abandera el anciano Joe Biden? En el epicentro del mundo capitalista también pretende imperar el miedo.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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