Esto opino

Me cansé de la negatividad

Por Laura Andrea Barros Vega *

No han sentido que hay día en los que están saturados por lo que está pasando en el mundo, como si ver noticias y estar enterada de la realidad se volviera un trabajo tedioso, frustrante, indignante y que tiene la facilidad de hacerte sentir fuera del positivismo social. Yo debo confesar que después de la medida dictada a Álvaro Uribe, los ataques a la JEP, el extra mencionado caso de Santrich y la Covid 19 me han hecho sentir en los últimos días que estaba en un túnel en el que poco a poco se iba acabando el oxígeno.

Un día me levanté y me cuestioné sobre el porqué de lo que me estaba pasando, si yo solía formar parte de esas dinámicas con una facilidad impresionante. Es por ello que me fui a Twitter, la red donde más comentarios al día se observan desde todas las esferas y con todo tipo de actitudes, red que también en la que considero si no se ponen límites claros se puede volver un poco tóxica y destruye desde el interior la concepción de comunidad.

Ahí, con la lectura de muy pocos tuits me di cuenta que detrás de cada comentario, por más inocente o incoherente que pareciera, existía la creencia de que Colombia está destruida, podrida, condenada eternamente a la ignorancia y que esto nunca jamás va a cambiar; esta parece ser una creencia colectiva que se encuentra en todos quienes expresan sus opiniones, en los que comulgan con partidos tradicionales del país, en los que no creen en ellos, en los que no votan, en los que defienden los derechos humanos. En fin, es un sentimiento de desolación constante que necesita hacerse notar particularmente entre insultos y comentarios denigrantes.

En ese ejercicio pude darme cuenta de que no estaba precisamente cansada de los hechos de mi país o del mundo, de lo que estoy cansada es de esa necesidad constante de ver la vida y las situaciones del país desde esa creencia tan limitante y restringida que nos quita objetividad, positivismo y a muchos el anhelo de hacer un trabajo por el florecimiento de la sociedad. ¿Cuál es el peligro de estas creencias? Que con el paso del tiempo estas creencias se vuelven hábitos, los cuales a su vez se van volviendo en estructura de comportamiento y de ahí en adelante esas estructuras se arraigan tanto en nuestra idiosincrasia que lo raro es no tenerlas; es decir, en este momento quienes tenemos esperanza todavía en que las cosas tomen un giro positivo o que queremos alejarnos de esta retórica fatalista, somos raros o distanciados de lo que “de verdad” está sucediendo.  

Se han puesto a pensar cuánto de nuestra energía vital y de creación se queda consumida en mantenernos en discusiones, insultos y en vivir en la frustración que conlleva seguir en la creencia de que estamos a un paso del fin social. ¿No cansa eso? ¿No les gustaría empezar a pensar diferente? ¿No quisieran ingresar a cualquier tipo de debate y conversar genuinamente sobre las posibilidades de mejora de nuestra sociedad sin que un “pero” o “eso en este país no pasa” termine la oración? ¿Cuán maravilloso sería eso?

Hay hechos sociales, legales, políticos y económicos a los cuales no se les puede desconocer su gravedad y necesidad de cambio. ¡Totalmente! ¿Qué necesitamos un cambio? ¡Por supuesto! ¿Que este cambio necesita una reestructuración de nuestra mentalidad? ¡POR FAVOR! Mientras sigamos creyendo que después de Colombia no hay nada peor, que aquí no funciona nada y sigamos opinando y viviendo con un sentimiento de desolación constante, no creo que haya posibilidad de experimentar la creación de una nueva sociedad.

El pensamiento con el que actuamos determina en gran parte la realidad social que creamos, mientras que todos sigamos tan atados a esta visión catastrófica de la vida nos volvemos más influenciables, manipulables e incluso descarados para ser líderes de opinión y conducir a las personas con escritos confusos, irresponsables y con poca verificación de datos; pero peor aún, siempre vamos a encontrar el vaso medio vacío, por lo que sentimos que lograr un cambio significativo puede ser tan difícil que es mejor no morir en el intento.

Yo personalmente he decidido no seguir con esta mentalidad, no seguir perpetuando esa sensación triste de que estamos cada día peor, quiero que a quienes pueda acompañar en su crecimiento logren sacar de su estructura mental esa creencia de que hacer algo por la sociedad es tan complicado que duden que valga la pena intentarlo. Me cansé de ponerle un “pero” al final de mis oraciones, de creer que desde lo pequeño o grande que haga no impacto positivamente a mi sociedad y me cansé de estar en conversaciones donde las conclusiones siempre son desfavorables. Mi cansancio me motiva a ir a buscando la forma de aportar un grano de arena a la construcción de una retórica y actos de esperanzas desde lo que hago y desde lo que aprenderé. ¿No sería mejor invertir mi energía vital a esa actitud que a la negatividad? Pues ya lo veremos… Te invito a que sigamos esta conversación a través de Instagram con el usuario @laurabarrosvega o en Twitter en mi cuenta @laubarrosv.

*Politóloga, magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo, mentora espiritual y coach

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