Esto opino

Fin de una era

Hace pocos días el mundo (del fútbol) se vio revolucionado por la apabullante victoria del Bayern Múnich, ocho goles a dos, contra el archiconocido Barcelona, club en el que juega a nivel profesional desde hace diecisiete temporadas el extraordinario jugador argentino Lionel Messi.

Más allá de las bromas y memes entre los haters del FC Barcelona, o del propio astro rosarino, lo cierto es que cuando se ha tocado el cielo de manera tan prolongada es normal que surjan odios y enemistades a la par de seguidores y admiradores. Si no, que lo digan los actores de ‘Padres e Hijos’, la universidad actoral en Colombia en los últimos treinta años, o el chófer de la ruta Pozón-Riohacha-Leticia.

Analizando un poco más a fondo el tema encontramos que, tan solo seis días antes, Real Madrid, el equipo más famoso y ganador de la historia de las competiciones europeas, había caído en octavos de final frente al arribista (como todos los nuevos ricos) Manchester City. En ese momento las burlas tuvieron como blanco al cuadro merengue y los hinchas culés gozaron con la desgracia ajena, pero nada comparado con el bullying monumental que se desató el día de la debacle azulgrana ante los bávaros.

Ambos clubes cayeron en instancias indignas de su historial y abolengo, entonces, ¿por qué los medios de comunicación de todo el planeta se centraron únicamente en el Barcelona?

Haciendo gala del estilo que ha imperando en nuestro país en los últimos dieciocho años, yo me pregunto y, por supuesto, yo mismo me contesto: las razones de ese ensañamiento de los medios podría tener su fundamento en que Real Madrid no tiene una figura representativa en sus filas desde la salida de Cristiano Ronaldo, luego de nueve exitosas campañas y cosechando todo lo que un futbolista de élite sueña con lograr. Barcelona, en cambio, tiene un ídolo excluyente que, sin importar lo que haga el equipo, siempre atrae los reflectores, además de las portadas de todos los diarios especializados y de los que pretenden rascar algo a punta de clickbait.

En nuestro país el tema político-jurídico de la última semana también levantó más polvo que Esperanza Gómez en un batallón. La detención domiciliaria del exsenador Álvaro Uribe Vélez desató una ola de indignación de inmensas proporciones, solo equiparada por una de similar tamaño, pero de apoyo a la Corte Suprema de Justicia y a sus magistrados. El huracán de memes en un sentido o en otro terminó siendo tendencia durante varios días en las sobrevaloradas redes sociales, y el debate llegó hasta el punto de que, si quieres ver al mundo arder en una reunión familiar, solo debes decir que Uribe está preso merecidamente.

En ambos casos, tanto el del F.C. Barcelona con Messi y el del carismático exsenador antioqueño, las exageradas reacciones obedecen sin duda al alto perfil de estos personajes; a su exitoso pero controvertido recorrido profesional y al amplio número de seguidores, que no podrían disfrutar de sus triunfos sin la existencia paralela de sus contradictores, debido a que son estos quienes ponen en perspectiva sus respectivas actuaciones y le dan la verdadera dimensión humana a aquellos ídolos con pies de barro.

La solución para las dos estrellas en horas bajas sigue siendo la que indica el spoiler en el título de esta columna. Y es que, una vez llegado a la cima, solo queda hacer el camino inverso de la forma más decente posible para que la imagen perdure y retirarse en el momento justo en que el afecto se convierte en admiración y los odios en comprensión. De lo contrario se corre el riesgo de cumplir la máxima de Nolan en ‘El Caballero Oscuro’: muere siendo un héroe o vives lo suficiente para volverte un villano.

Para no olvidar: A Anuar y Luis José, porque, sin sus ropas heredadas, habría tenido que repetir más que un loro tartamudo.

* Abogado y periodista

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