Esto opino

De la indiferencia y otros demonios

Por Daniel Rivero Angulo *

En las redes circula un video de un grupo de adolescentes sosteniendo una riña a piedra y palo en el sector de la Perimetral en Cartagena. Una de las zonas más deprimidas de la ciudad; yo diría que donde nace el cordón umbilical de la pobreza de nuestra ciudad. Nada nuevo en últimas. Estas conductas reflejan no solo la carencia de valores y formación de nuestros jóvenes sino también la falta de oportunidades que ya todos conocemos en materia de educación, deporte y recreación.

Pero esto vas más allá de inversión social; el tema va en la planificación y responsabilidad sexual. La mayoría de esos jóvenes crecen en ‘hogares’ disfuncionales o de mujeres que aún no terminan de criarse cuando ya están pariendo y criando hijos, hijos que esas madres y padres dejan con los abuelos, tíos y vecinos para seguir en el mundo.

Necesitamos que el sistema educativo y de salud cumpla su misión constitucional. Nada de esto estuviera pasando, o quizás en menores proporciones, si tuviéramos una administración planificada 20 años como mínimo. Y ello es culpa del desgobierno y el dolo del sistema político que prefiere la ignorancia y el hambre para poder hacer de las suyas, sin mencionar la indiferencia y desidia que nos caracteriza.

Aquí viene lo peor: al leer los cientos de comentarios que los ciudadanos (de todos los estratos) expresan en sus redes, se refleja el elitismo, la indiferencia, los comentarios despectivos y uno que otro de odio y rechazo, desconociendo que de esta manera lo único que se logra es ahondar en el problema. Por ello surgen los siguientes interrogantes: ¿qué clase de sociedad somos? ¿Qué clase de hijos estamos criando? ¿Qué clase de ciudadano estamos formando?

Muchos de esos jóvenes ni siquiera conocen el centro de la ciudad ni el sector turístico, ni se han subido a un articulado de Transcaribe (la única obra moderna en 20 años en Cartagena). No saben lo que es un cine o parque alguno que no sean los biosaludables de los que no hemos pasado. Esto va en tomar consciencia en nuestros hogares, como vecinos y ciudadanos, en aumentar la solidaridad, el amor y dar una palabra de aliento a estos jóvenes que su mayor sueño se ha convertido en tener una moto para chicanear en su barrio.

Insto a la administración, iglesias, maestros, lideres, fundaciones y ciudadanía en general a unirnos en un plan de intervención para llegar a estos jóvenes y orientarlos.

Si de 100 saquemos 10, en el peor de los casos, ganamos mucho, y así dejamos de pretender arreglar los problemas desde las redes sociales.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo, consultor

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