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La “normalidad diferente”

Por Germán Danilo Hernández *

Cediendo a las presiones de sectores económicos, al desgaste del confinamiento, a la incapacidad para controlar los brotes de anarquía, y sin haber podido derrotar al Coronavirus, Colombia cierra hoy un “paréntesis existencial” con el inicio de la llamada “normalidad diferente”.

Pero esta fase no será propiamente ni norma, ni diferente. Durante el prolongado período del aislamiento preventivo obligatorio en el país, al igual que en otras naciones, se vieron multitudes en las calles, unas veces por necesidades de supervivencia y en otras por indisciplina social con variadas motivaciones.

La asistencia a fiestas clandestinas, los paseos prohibidos, los días sin IVA, las expresiones colectivas de respaldo y condena a un célebre presidiario, fueron algunas de las razones que motivaron las constantes violaciones a la cuarentena y que propiciaron el aumento de contagios.  Con excepción de ligeras evidencias de descensos en algunas ciudades, la pandemia aún no cede en el país, pero a partir de hoy las calles, plazas, empresas, centros comerciales y servicios de transporte, se verán nuevamente atiborrados de gente, con la diferencia de que en esta oportunidad no habrá represión selectiva de las autoridades en las calles.

La desesperación y el tedio están ganando el pulso a favor de quienes privilegian el retorno a las actividades; es obvio que miles de empresarios grandes, medianos y pequeños que han quebrado por cuenta del confinamiento tengan la urgencia de reactivar su producción y que miles de desempleados deseen recuperar sus puestos de trabajo, pero todo ello no puede convertirse en un ropaje distractor para simular el retorno a una normalidad etiquetada como “diferente”, en vez de peligrosa.

Y es que los peligros de esa nueva cotidianidad, al igual que la pandemia, son de carácter sanitario, económico y social. No solamente por el riesgo implícito de posibles rebrotes, que como ha ocurrido en otros países, conlleven a una nueva elevación de la curva de contagios, a otra saturación de hospitales y a un lamentable aumento de la letalidad, sino también por la amenaza que representan las acciones subrepticias tomadas desde el poder a la sombra del Covid 19. Para muestra, el botón del mega préstamo del Gobierno Nacional a Avianca, cuando a muchos pequeños y medianos empresarios, a territorios en crisis y a millones de desempleados, se les han negado sistemáticamente fórmulas de salvamentos.

En mi opinión, lo que hoy comenzamos a vivir es una fase, para mucha necesaria, de “sálvese quien pueda”, en la medida en que el virus está mucho más regado que cuando comenzó el aislamiento. La protección dependerá ahora de cada ciudadano. Con la reactivación generalizada vuelven las esperanzas, pero también persisten los fundamentos para el miedo. Seguiremos siendo sobrevivientes de cada minuto.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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