Esto opino

De la indiferencia y otros cuentos…

Por Laura Barros Vega *

En estos días me encontraba manejando bicicleta. Ahogada entre el esfuerzo físico, el tapabocas y el sol, mi velocidad era muy baja. En ese momento, que no fueron más de 10 minutos, estaba atravesando una rotonda y un carro que estaba también recorriéndola aumentó la velocidad al verme, lo que me forzó a frenar en mitad de la calle para no ser arrollada. Después estaba subiendo a la ciclovía ubicada en el andén, pero un grupo de personas se encontraban caminando por la mitad de ella impidiendo el tránsito de las bicicletas, así se les solicitara desocupar solo un pedazo del espacio, y por último, para acabar la travesía, iba bajando una calle ya para llegar a mi casa, mientras unos patinadores venían en contravía y al verme simplemente siguieron derecho esperando que me detuviera porque ellos no lo iban a hacer, así estuvieran en sentido opuesto. 

Este microrelato de hechos bastante cotidianos se genera en el marco de una situación política y social de aumento de masacres en el país que, aunque no parece, tienen una raíz en la indiferencia ciudadana muy parecida o igual a la mencionada. ¿En qué se relacionan? En la capacidad que hemos desarrollado los seres humanos para habitar la indiferencia y hacerla parte de nuestro diario vivir sin ningún tipo de remordimiento; aunque las dos tienen dimensiones e implicaciones diferentes generan un mismo resultado en actitud “mientras no me toque a mí, está bien. Mientras yo pueda seguir mi camino de manera tranquila, no me importa mucho lo que pueda pasar en el exterior”.

Ustedes han escuchado hablar sobre la ley de correspondencia, la cual afirma que “como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera”, refiriéndose a que como está en tu interior, así van a ser los resultados y experiencias que atraigas a tu vida exterior. ¿Qué pasaría si lleváramos esta ley a la creación de sociedad? Como eres de indiferente en lo micro, eres de indiferente en lo macro; como legitimas la violencia en lo micro, legitimas la violencia en lo macro. 

A medida que vayamos educando ciudadanos que poco les importa el sentido de comunidad, va a ser muy difícil generar los cambios sociales que estamos solicitando; independientemente de quienes se encuentren mal gobernando o bien gobernando el país. Mientras usted siga pensando que maltratar a una persona por la forma en como viste, por su religión, orientación sexual o ideología es aceptable, de una u otra manera está legitimando y aportando a la creación de aquellos que toman un arma para asesinar jóvenes en el pacífico o en cualquier parte de Colombia. Mientras sigamos burlándonos de las bromas pesadas que nuestros hijos, parejas, amigos, familiares realizan, estamos legitimando la violencia verbal que abunda en redes sociales; y por supuesto, mientras sigamos criando personas que caminan por el espacio público, sin importarle la necesidad del otro o aceleran para no darle el paso a una bicicleta en una área de ejercicio porque no van a atrasarse 5 segundos de su tiempo, estamos creando una cultura de indiferencia que si no se ataca de raíz va a seguir llevándonos a ignorar la realidad social de un país que nos necesita más unidos que nunca. 

Muchas veces sentimos que la única forma de cambiar las situaciones que se viven es a través de un cambio de gobierno, más leyes, cárceles, “castigos” a los malos. Aclaro que no menosprecio el poder que tienen, solo me pregunto en qué momento se nos olvidó el gran poder que tiene el ejemplo que como individuos entregamos. Este interrogante hace indiscutiblemente preguntarnos también: en lo que yo realizo desde mi casa, ¿cómo le estoy generando garantías de no repetición a una sociedad con la cual tenemos una deuda ética por lo indiferentes que hemos sido con su dolor?

Al mirar cómo es adentro, me voy dando cuenta cómo mis pequeñas acciones van legitimando a través de la omisión las grandes situaciones que a diario estamos viendo. Cuando desde adentro yo siembro la indiferencia, me conformo con que a dos días de las masacres estas se conviertan en “homicidios colectivos” y que en medio de nada puedan afirmar que todo se trata de narcotráfico, cuando los hechos no se detienen. Enseñarnos a ser personas comprometidas con la sociedad no significa que dejes de vivir o que renuncies a tu bienestar porque sí; significa que independientemente de tu situación, te sientes parte de un colectivo que necesita que desde lo mínimo aportes en la creación de ciudadanos empáticos con las problemáticas sociales, económicas y culturales de los demás. 

Con estas columnas o demás escritos, es probable que no se logre inmediatamente un cambio en las problemáticas que este país presenta, pero con ellas podemos empezar a plantar semillas que desde adentro generen cambios sostenibles en el tiempo, que empiecen a disminuir las noticias de familiares que hoy están llorando la muerte violenta de jóvenes, de los cuales ni siquiera tenemos certeza de qué fue lo que realmente paso. Estoy segura que si cambiamos, vamos a impactar muy fuertemente el afuera. 

Uno de nuestros compromisos como seres humanos es aportar a la creación de una mejor sociedad, desde donde estemos y como podamos. Así no pueda cambiar todo en seguida, necesitamos empezar a confiar en que estamos entregándole a esta y a las próximas generaciones un lugar donde realmente se puedan desarrollar en libertad. ¿Por qué nos está costando tanto llegar ahí? ¿No creen que es hora de que empecemos ya, sin tanta retórica, a contribuir con hechos a una nueva sociedad? 

*Politóloga, magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo, mentora espiritual y coach.

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