Esto opino

Échame otro cuento

Por Euclides Castro Vitola *

Según los estándares pedagógicos de antaño, pocas actividades resultaban más educativas que leer cuentos y fábulas desde la infancia para desarrollar el gusto por la lectura, potenciar mecanismos cognitivos, además de fortalecer valores de convivencia. Por eso, cuando leí que Duque y Carrasquilla: el Botija y el Chómpiras de esta década, le habían “prestado” 370 millones de dólares a una empresa extranjera que ni siquiera tributa en Colombia, pensé que con semejante cuentazo nos querían estimular la imaginación hasta el infinito y más allá. Porque, definitivamente, hay que ser muy ingenuo para prestarle dinero a una aerolínea que no cumple ni con su objetivo más elemental de respetar los horarios o responder por una maleta perdida.

Aunque, pensándolo bien, es apenas comprensible, puesto que los dueños de Colombia nos vienen echando cuentos desde hace largo rato en los que siempre terminamos creyendo y cayendo. Que los liberales, que la televisión, que las empanadas chinas, que el cristianismo evangelista, que el rock, que los videojuegos, que el noni mal hecho, que la ropa extranjera, que MTV, que la Perubólica, que las redes sociales, que los venezolanos, en fin.

Hasta que encontraron al enemigo perfecto en el castrochavismo y entonces el nivel de creatividad se disparó hasta hacerse repetitivo, absurdo y ridículo, como el senador Fernandito Araújo, quien llegó a afirmar, con el típico acento paisa de los nacidos en Cartagena, que las abejas silvestres que casi le pican en el Departamento del Cesar eran un arma biológica de Gustavo Petro y sus secuaces, que las avispas africanizadas eran revolucionarias y que las moscas asesinas eran disidentes del enjambre maoista.

También es cierto que si miramos las noticias más allá de las que nos embuten Luis Carlos Sarmiento en El Tiempo, la organización Ardila Lulle en RCN y Caracol TV del Grupo Santodomingo, encontramos que el desvergonzado y fantasioso ingenio de los rostros visibles del Centro Democrático (el oxímoron más grande de la historia junto a “inteligencia policial“), en realidad coincide perfectamente con los discursos de odio de los republicanos, partido de derecha en EEUU; VOX, partido de ultraderecha en España; Rassemblement National, partido de ultraderecha de Francia; Lega Nord, partido de derecha de Italia; Aliança pelo Brasil, partido de ultraderecha de Brasil y hasta en Grecia, cuna de la democracia, donde ha cobrado una inusitada fuerza el partido de ultraderecha Amanecer Dorado, cuyo nombre también sirve para prostíbulos en la Bomba del Amparo y para películas porno con personas de la tercera edad.

Todos tienen en común el apoyo irrestricto a las empresas privadas, el respaldo a un caudillo y los ataques contra la comunidad LGBTIQ y contra la izquierda, así como la defensa de las políticas en contra de los trabajadores y la exaltación de la violencia y de los grupos armados estatales, como Policía o Ejército, y un discurso populista señalando siempre los errores del gobierno anterior, mientras se minimizan los propios, siempre a punta de ataques y planteando debates insensatos con la profundidad intelectual de un borracho a las tres de la mañana discutiendo si Messi es mejor que Rodallega.

Es tal la importancia de mantener el cuento vivo que esta semana se conoció que Tom y Jerry, hijos del exsenador Álvaro Uribe, habían suscrito un contrato con la empresa DCI Group que se dedica a crear historias y a difundirlas, para que en Estados Unidos se creara un mal ambiente contra la Corte Suprema antes de la decisión judicial de enviar el expediente a la Fiscalía. Se atacaba aquí y se atacaba allá; por eso lograron que sus simpatizantes salieran en su apoyo sin haber leído ni una sola de las 1.500 páginas del fallo y a señalar de corrupta a la Corte. Pero los entiendo, es difícil leer tantas hojas cuando tu único bagaje son las etiquetas del champú mientras estás sentando en el inodoro.

Mientras tanto, en Cartagena, un juez se negó a casar a dos mujeres lesbianas alegando objeción de conciencia y pasándose por el níspero años de luchas y reivindicaciones sociales de ese denostado colectivo. Lo particular del asunto es que los argumentos religiosos que emplea son los del cristianismo, que se reducen básicamente a amar a Dios y al prójimo. No sé en este caso, pero es bien sabido que muchos de los férreos homofóbicos de la historia solo pretendieron ocultar y reprimir los impulsos sexuales propios, por los sentimientos de culpa judiocristiana con las que fueron educados, pero quienes cada vez que vieron a un mozalbete de su agrado experimentaban una repentina fuga en la canoa de la heterosexualidad.

Volviendo a Duque, si algo aprendí de los Looney Tunes es que por más que Porky se vistiera como persona, hablara como persona y se comportara como tal, no dejaba de ser un cerdo rosado que a la primera oportunidad haría marranadas y se quedaría gustoso en el fango de la indiferencia.

Para no olvidar: a mis tíos Nelson y Carmen, como soporte fundamental de mi infancia y adolescencia.

* Abogado y periodista

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