Esto opino

Effetá por la Paz

Por Rafael Castillo Torres *

Ya próximos a cumplir tres años de la visita apostólica del Papa Francisco a Colombia, es bueno revisar los niveles de sordera que padece la nación colombiana a todos los niveles en orden a la construcción de la paz y al mejoramiento de nuestra convivencia. Del hacer trizas los acuerdos hemos pasado a las masacres por todo el país; al recrudecimiento de la guerra con su carburante del narcotráfico gracias a la reconfiguración del paramilitarismo en bandas criminales, a las disidencias de las Farc, al enfriamiento de las negociaciones con el ELN, al dominio que organizaciones criminales tienen en el mismo corazón de las ciudades, y a un Estado impotente para detener las muertes que a diario se vienen dando, de múltiples formas, tanto en las plazas, calles y barriadas,  como en la Colombia profunda.

Somos una nación encerrada en sí misma y sin capacidad para escucharnos y dialogar, al menos de manera civilizada. Ante tamaña inconciencia, la visita del Papa Francisco fue precisamente para ayudarnos a encontrar como nación los pasos acertados que nos abrirían una nueva ruta que nos llenara de sentido. Su presencia fue verdaderamente especial, intensa y esperanzadora. Retomo sus palabras en su viaje de regreso a Roma después de su visita: “Lo que más me ha llegado es que el papá, la mamá, alzaban a sus niños para hacérselo ver al Papa y para que el Papa lo bendijera. Como diciendo: este es mi tesoro, esta es mi esperanza. Este es mi futuro. Yo te creo. Esto me ha llegado. La ternura, los ojos de esos padres, de esas madres. Precioso, precioso. Esto es un símbolo. Símbolo de esperanza, de futuro. Un pueblo que es capaz de hacer hijos y después los muestra, los hace ver así, como diciendo: este es mi tesoro, es un pueblo que tiene esperanza y tiene futuro”.

El Papa regresó con muchas ilusiones y sintiendo que, con su palabra y su testimonio, había calado en lo más íntimo del alma de nuestro pueblo y él, también, se había dejado tocar por nuestra colombianidad. 

Pasados tres años, vemos que todo ese esfuerzo no es suficiente. A ejemplo de Jesús con el hombre sordo del Evangelio, hay que pegar, en esta semana por la paz, el grito de ‘Effetá‘, que quiere decir, ‘Ábrete’. Grito que no fue dirigido a los oídos del sordo sino a su corazón. Nadie que viva en su propia sordera se podrá abrir al logro de la paz. Da pesar que algunos hermanos que se dicen creyentes vivan sordos a Jesús y se mantengan sordos al mensaje de Francisco. Cuando hay sordera no se escucha bien y lo que se trata de comunicar, por lo general se comunica mal.

Como Iglesia que sirve a la paz es bueno que nos preguntemos: ¿Por qué nuestro mensaje no toca el corazón de las personas? Tal vez la gente no está esperando una ‘doctrina social’ propia de especialistas. Esperan una palabra inspirada en el Evangelio y pronunciada por quienes son sensibles al sufrimiento de las víctimas, las defienden, están cerca de ellas y les ayudan a vivir con dignidad. Hacerlo así, ya es un muy buen aporte a la Búsqueda de la Paz.

* Sacerdote de la Arquidiócesis de Cartagena

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