Opinión

Abel Rodríguez Céspedes, una leyenda…

Por Luis Ramírez Castellón *

En días pasados falleció en la ciudad de Bogotá el profesor Abel Rodríguez Céspedes, uno de los maestros más ilustres del país, dada su trayectoria profesional, sindical, social y política.

Al eximio educador lo conocí en el año 1982, cuando ingresé a la Educación como docente, después de haberme graduado de Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas en la Universidad del Atlántico, donde por razones de la dinámica de mis estudios estuve ligado a las luchas estudiantiles que se desarrollaron en el país.

En ese año, Abel fue elegido presidente de la gloriosa Federación Colombiana de Educadores -Fecode, el sindicato más poderoso del país, hecho este que coincidió con mi vinculación a la lucha sindical, haciendo parte de una facción de maestros proclives a su ideario, constituyéndonos como grupo político al interior del magisterio.

De ese grupo hicieron parte connotados educadores, de gran talla moral, pedagógica y política, como Ignacio Herrera Domínguez, Rigoberto Carmona, Alberto Gómez Santoya, Héctor Soto Salas, el fallecido Atilio Vásquez y las hermanas Mery y Olga Villegas Robles, un grupo selecto de maestros que se convirtieron en líderes reconocidos y que coadyuvaron a forjar mi convicción y mis principios por las luchas y las causas sociales y políticas, pero muy especialmente por la Educación.

El inicio de la década del 80 en el país fue un periodo marcado por el florecer de las luchas no solo por reivindicaciones sociales y económicas sino que fue -también – un periodo donde sindicatos como la USO y Fecode enarbolaron las banderas de la lucha por la dignidad, la defensa de los recursos naturales, la Educación pública y la Soberanía Nacional, esta última mancillada por la política entreguista y antinacionalista de los partidos tradicionales, que alcanzó su mayor dimensión con el vergonzoso  Frente Nacional, uno de los episodios más oscuros de nuestra historia republicana.

Fruto de todos estos hechos, y dado el liderazgo del profe Abel, se concibe y se gesta en el año 1985 el histórico Movimiento Pedagógico Nacional, el cual se constituyó en el más reluciente Proyecto Educativo y Político del continente, que funde sus raíces y su naturaleza en el trabajo cotidiano de todos los maestros de los rincones más apartados del país, bajo la bandera de realizar y generar una profunda transformación de la enseñanza y de los métodos didácticos y pedagógicos. Y, sobre todo, se erigió como una provocación de los maestros encaminada a rescatar su dignidad y convertir su saber y su experiencia pedagógica y social en una poderosa herramienta, capaz de contribuir a la construcción de un hombre nuevo, en términos de posibilidades.  

Fue tanto el fervor, el entusiasmo, la aceptación y el compromiso de este maestro universal que en el año 1991 los educadores del país lo elegimos miembro de la Asamblea Constituyente, donde también colocó su sello y su impronta, evidenciado en el hecho de que, por vez primera, quedara consignada en la Constitución Nacional la Educación como un Derecho Gratuito, lo cual, agrandó aún más su nombre y su prestigio, al punto que en el 2004, cuando llega Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá, lo nombra como secretario de Educación, cargo que desempeñó y ejerció con convicción, desde  su proyecto Bogotá Una Gran Escuela. Esta iniciativa revolucionó la educación a través de programas de infraestructura de calidad, eficiente transporte escolar, salud y alimentación escolar digna, complementado con la estrategia Escuela – Ciudad – Escuela, basada en la apertura de los escenarios culturales, a objeto de que los niños, niñas y jóvenes ampliaran su horizonte de conocimientos y la ciudad entrara a las escuelas, desde la institucionalidad, con el fin de acercarlos gobierno desde su cosmovisión .

Ese fue el Abel Rodríguez que yo conocí y el que conoció el magisterio y el mundo académico colombiano, que hoy rinde tributo a su memoria y a su legado y lo concibe como uno de los docentes más universales. Ese que simbolizó y encarnó a la escuela y a los niños como su único estandarte y como su único trofeo desde la dignidad.

Por todo ello, y por tantas y tantas razones, el profe Abel se constituyó, después de su muerte, en una verdadera leyenda.

Dijo Bertolt Brecht que “el regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida”. Eso fue lo que hizo el profe Abel, toda su vida: ¡ser un ejemplo!

* Rector de la I. E. Soledad Acosta de Samper.

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