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Macondo y el Estado de Derecho

Por Germán Osorio Buelvas *

En función de la polémica suscita por estos días entre el sector LGBTI y el cristiano, donde un juez alega objeción de conciencia para no casar a una pareja de mujeres, me permito en este espacio compartir mi opinión al respecto, haciendo primero una necesaria salvedad al respecto: recordar al lector que la opinión es un derecho, no el derecho; es decir, al opinar ejerzo mi derecho a expresarme libremente, y en ningún modo estoy de acuerdo con que una opinión deba tener peso de ley, de tal modo que sustituya el Estado de Derecho.

Pasando de nuevo al objeto de esta reflexión, y con el objeto de no hacer un corta y pega, invito al lector a buscar en Wikipedia el excelente resumen que presenta de todo lo que implica el concepto de Matrimonio, antes o después de la lectura del presente texto. Allí se da un interesante recorrido por muchas de las aristas generales del concepto.

Podemos ver en esa simple y general lectura que el concepto tiene tres características relevantes para el contexto de la polémica en cuestión: el matrimonio es una institución. El matrimonio tiene implicaciones religiosas. Y el matrimonio tiene implicaciones jurídicas. Además, hay un componente especial que Wikipedia no menciona, pero en este caso es fundamental: el celebrante.

Los argumentos en general con respecto a esa polémica son repetitivos. El juez está en la obligación de casar por Ley. El juez tiene derecho a la objeción de conciencia. Son los dos argumentos básicos de lado y lado.

En este punto me hago muchísimas preguntas: ¿debería uno, por ejemplo, tener la posibilidad de casarse ante el Estado, por ejemplo, por internet y sin celebrante alguno? ¿Por qué es tan importante el matrimonio ‘igualitario’, teniendo en cuenta que el matrimonio es una institución desprestigiada por los sectores mas liberales, en vista de la alta tasa de divorcios, si tiene además un componente religioso donde estos sectores librepensantes se ufanan de no tener creencias espirituales cristianas, y además el Estado colombiano garantiza los derechos civiles del contrato marital hasta para las uniones libres? ¿Qué cree el imaginario colectivo que es el matrimonio?

En mi opinión, esta polémica es un completo disparate. Socialmente, en el mundo de hoy, el matrimonio es un contrato vinculante, así como lo es otro tipo de sociedad comercial. Eso es todo. En el mundo cristiano, el tema de la familia, y el matrimonio, pertenece solo al ámbito de la Iglesia, y nadie que no comparta ese sistema de creencias tiene autoridad moral para cuestionarlas, pues en principio no puede compartir la visión de quienes están ‘dentro’ de la Iglesia. Ir ante el Estado a formalizar un contrato, más entre la gente progresista, debería ser un tema claramente jurídico. La celebración (refiriéndome al aspecto conmemorativo) del matrimonio, la compraventa de la casa o la finca, la constitución jurídica del nuevo Microsoft o que sé yo tanta cosa que se formaliza ante el Estado, ya es del ámbito personal de lo que en derecho se llama “las partes”. Pero no, aún cometemos la tontería de disfrazarnos para ir donde el juez a firmar dicho acuerdo. Se notan en este caso varios sesgos: el aparente matoneo de la minoría LGBTI a la minoría cristiana; los vacíos jurídicos en el concepto de matrimonio civil como concepto jurídico; el derecho de los cristianos a su creencia, y al respeto de quienes no profesan la misma fe.

Hasta aquí mi escrito. Porque tomar partido por uno u otro bando termina poniendo leña al verdadero problema de este país, que es el estado de opinión generalizado, la polarización entre blanco y negro sin derecho a grises y, en últimas, quienes se benefician de estos esquemas de pensamiento son los que quieren hacer valer su opinión por encima de la Ley, el Derecho y la Equidad. Y ya saben a quién me refiero…

Son los jueces quienes deben tener la última palabra.

* Psicologo

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