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De la ira… a la no violencia

Por Rafael Castillo Torres *

Ayer, en el tercer aniversario de la visita del Papa Francisco a Cartagena y dado cuanto está sucediendo en Colombia, el equipo humano del Programa de Desarrollo y Paz del Canal del Dique y Zona Costera, consideramos oportuno hacer Lectura Santa de la Palabra de Dios con las luces que el evangelio del día nos regalaba. Leímos atentamente Lucas 6, 27-38.

Una primera reflexión que surgió fue la comprensión de la no violencia activa de Jesús que nos invita a poner la otra mejilla, que no es nada diferente a tener la misma actitud que él tuvo ante el torturador cuando golpeó su mejilla: “Si he hablado mal, ¿dime en qué? Pero si no, ¿Por qué me pegas?”. Es responder a la razón de la fuerza con la fuerza de la razón. Ayudó en este momento retomar las palabras del Mahatma Gandhi después de su encuentro con el Evangelio: «Leyendo toda la historia de esta vida., me parece que el cristianismo está todavía por realizar… Mientras no hayamos arrancado de raíz la violencia de la civilización, Cristo no ha nacido todavía.»

Una segunda reflexión que surgió fue entender que no es suficiente denunciar ni rechazar los atentados contra la vida. Se nos urge construir, entre todos, una ‘magistratura moral’ que mande a para las muertes y masacres. Tener un acto de valentía y dignidad capaz de suprimir de raíz “el ojo por ojo y diente por diente” y que nos ayude a cultivar una actitud reconciliadora que no será fácil, pero que sí será posible. Hay unas palabras de Jesús que nos sostienen: “Amen a sus enemigos y hagan el bien a los que los aborrecen”.

Y una tercera reflexión nació de los momentos de ira y tensión que vive Colombia. Coincidimos en que, en estos casos, la indignación y la ira caminan juntas. Nos hicimos una primera pregunta: ¿Cuándo la ira no es pecado? Cuando nace de una causa justa; cuando logramos mantenerla bajo control y cuando desaparece rápidamente. Como dice el apóstol Pablo en Efesios 4, 26: “Si alguna vez se enojan, que el enojo no llegue hasta el punto de pecar, ni que les dure más allá de la puesta del sol”. Igualmente nos hicimos una segunda pregunta: ¿cuándo la ira resulta pecaminosa? cuando es injusta, cuando es excesiva, cuando es vengativa y cuando es duradera.  La ira es injusta cuando mantiene su puño en alto, como lo hemos visto estos días, no tanto en defensa de lo que se ama sino como agresión a lo que se odia.

Nuestro momento de oración y de reflexión, finalizó reconociendo que la vida entera de Jesús, desde el principio hasta el fin, fue una vida y un camino en el que resolvió todos sus problemas y dificultades por caminos no violentos. La violencia tiende siempre a destruir. Pretende solucionar los problemas de la convivencia arrasando al que considera enemigo, pero no hace sino poner en marcha una reacción en cadena que no tiene fin. Ojalá este mes de reflexión y de oración por la paz no finalice sin entenderlo, fue nuestra oración final.

* Sacerdote de la Arquidiócesis de Cartagena

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