Esto opino

La Patria en llamas

Por Agustín Leal Jerez *

Las escenas dolorosas de la patria en llamas, la pérdida de vidas humanas inocentes, las instituciones democráticas resquebrajadas y el estado de derecho en suspensión, es un asunto para reflexionar seriamente. Ver a la policía y los ciudadanos, sus principales socios para combatir la delincuencia, envueltos en una guerra fratricida, es una señal inequívoca de que en Colombia existe un conflicto mucho más complejo y multiforme que dista tremendamente del que se negoció en La Habana.

Esto no se trata de simples hooligans, fanáticos de una contracultura o cualquier otra tendencia mundial; como tampoco de unos desquiciados policías. Aquí lo que está en juego es un modelo de país y un modelo de sociedad. La capital del país se ha convertido en un laboratorio social donde convergen dos modelos distintos de sociedad, dos liderazgos diferentes: Presidencia y Alcaldía, que compiten por el mismo espacio político, con una guerra comunicacional que, por el bien de Colombia, se debe atemperar.   

A pesar de las inocultables diferencias entre la alcaldesa Claudia López y el presidente Iván Duque, los vimos interactuar durante el paro nacional indefinido del 2019 y salir adelante. Vimos a una alcaldesa firme con los vándalos y apoyando a sus policías. Con esa política coordinada con el Gobierno Nacional cambiaron la agenda ciudadana de un paro con reivindicaciones justas, pero al que sus organizadores estaban llevando a la irracionalidad.

Hoy, todo ese trabajo de la Presidencia de la República en talleres con la ciudadanía y mesas de trabajo con todos los sectores sociales, políticos y económicos de la Nación se ha venido abajo por culpa de unos desadaptados miembros de la Policía Nacional. Por eso, no podemos buscar la calentura en las sábanas o buscar molinos de viento con quienes irnos lanza en ristre. El único discurso posible en medio de esta tragedia que enluta al pueblo colombiano es que a los responsables, tanto vándalos como policías, les caiga todo el peso de la Ley.

El país no puede caer en una espiral de violencia que nos conduzca al no retorno. Precisamente, a donde lo quieren llevar quienes creen que el anarquismo facilita sus opciones políticas. La alcaldesa López debe retomar su liderazgo sin diluir sus responsabilidades, siendo consciente de que cuando se hizo elegir para gobernar a los bogotanos y bogotanas abrazó la institucionalidad colombiana con todos sus defectos y virtudes. Tampoco puede perder de vista que está al servicio de la ciudadanía: los de izquierda, derecha, centro, verdes, colorados y los policías de bien. Y, asimismo, debe de comprender que constitucionalmente solo existe un responsable del orden público en la Nación. Por su parte, el presidente Duque debe brindarle a la alcaldesa todo el respaldo institucional para que ejerza sus competencias en materia de policía.

No solo la Policía Nacional reclama a gritos una reforma estructural sino todas las instituciones democráticas del país, pero lo urgente en estos momentos es el manejo del conflicto social subyacente que enardece a los colombianos y los saca del cauce de la buena obra y la productividad con cualquier chispa que cualquier pirómano encienda.

La situación económica del país, por los efectos de la pandemia y sus consecuencias, es demasiado delicada. Otro paro nacional y una ola de protestas ciudadanas con los desmanes que la rodean colapsaría por completo la economía nacional. Sus consecuencias no solo afectarían a la derecha sino a todas las vertientes políticas y estratos sociales.

Los fogoneros de la protesta social sin cuartel que no se alegren, que las campanas también doblan por ellos.

* Abogado, especialista en Derecho Público con experiencia en Derecho Urbanístico, Ordenamiento Territorial, Contratación Estatal y Gerencia de la Defensoría Pública, entre otros temas.

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