Esto opino

Las marchas y actos vandálicos

Por Juan Francisco Conrado Ovalle *

Es inocultable la difícil y confusa situación social y económica que a nivel nacional estamos atravesando, la cual se ha visto agudizada y enmascarada por causa de la presencia del Covid-19. Durante el último trimestre del año pasado se presentaron manifestaciones y protestas en las calles, así como no pocos cacerolazos en diferentes sectores y ciudades del país.

Todo hacía predecir que en este 2020, estaríamos abocados a presenciar voces de diferentes sectores sociales tratando desde las calles de hacerse escuchar por las altas esferas del Gobierno, lo cual no era desconocido por el Ejecutivo ya que desde el año anterior se planteaba la realización de movilizaciones tendiente a neutralizar una serie de medidas y acciones contra lo que se denominó ‘El Paquetazo’, donde sindicalistas, estudiantes, maestros, organizaciones indígenas, de afrodescendientes, de mujeres, Lgtb, entre otros, manifestaban su descontento, rechazo u oposición a una reforma laboral y pensional en ciernes, igualmente solicitando mayor inversión en educación, lucha efectiva y real contra la corrupción, protección y seguridad a sectores sociales diversos como indígenas, líderes sociales a fin de detener las masacres en diferentes regiones del país, las cuales han venido en crecimiento en el presente año, amén de dar cumplimiento e implementación de los Acuerdos de Paz.

Cuando en el presente mes comenzamos a retornar poco a poco a la normalidad después de cinco meses atípicos, en los que la actividad productiva, social y económica se ha visto afectada por la pandemia del coronavirus, se ha venido observando una serie de hechos y medidas que han alimentado el descontento en diferentes sectores de la población. En medio de las medidas preventivas de confinamiento, se presenta en Bogotá la muerte del estudiante de derecho Javier Ordoñez, después de haber recibido una brutal golpiza y choques eléctricos con una pistola táser por parte de miembros de la Policía Nacional. Las imágenes registradas por diferentes medios y redes sociales levantó la indignación de muchos ciudadanos, generando protestas en las que se mezclaron, entre otros, delincuentes comunes, quienes de manera violenta e irracional se volcaron principalmente en Bogotá a destruir los CAI, asaltar locales comerciales  y agredir a los policías que los custodiaban, generando un caos que terminó con el saldo trágico de once muertos, en su gran mayoría jóvenes, algunos sin estar participando en los disturbios, de acuerdo a versiones de familiares y amigos cuyas vidas fueron truncadas, enlutando varios hogares.

Todos estos actos de violencia merecen el enérgico rechazo de toda la sociedad y no pueden convertirse en motivo para estigmatizar la protesta social e impedir la expresión ciudadana en las calles de manera pacífica y ordenada. Por ello, los desmanes y actos violentos realizados durante manifestaciones o marchas van en contra y se convierten en el enemigo número una de estas, ya que conlleva a que muchos ciudadanos solidarios, dispuestos a marchar y expresar descontentos de manera pacífica, se abstengan de participar dado el peligro al cual se exponen por la presencia de vándalos y la violencia que se engendra.

Las manifestaciones y marchas no pueden convertirse en el escenario para destruir establecimientos públicos o privados y agredir a la fuerza pública. Por el contrario, a estos últimos debe considerárseles como unos aliados importantes, dado que ellos, en el fondo, también son víctimas de determinadas políticas gubernamentales que afectan su calidad de vida  y de sus familias. Además, no podemos ser tan torpes como para no entender que un policía o un miembro del Esmad, una vez sale de cumplir su turno de servicio, regresar a casa, quitarse el uniforme, colocarse una pantaloneta y un suéter, está en igualdad de condiciones y sufre la realidad de su vecino, entre los cuales puede encontrar un vendedor del mercado de Bazurto, un trabajador de una empresa industrial o un pequeño comerciante de mercancías varias. ¿Bajo esas circunstancia, qué razón existe para actuar violentamente contra quien puede ser el compadre o compañero con el cual se departe en un fin de semana?

El llamado es a no perder de hecho una de las esencias de la Democracia: la expresión ciudadana y la protesta pacífica. Por ello se debe evitar a toda costa dar razones para que las marchas sean deslegitimadas mostrándolas como sinónimo de violencia, destrucción y consecuencialmente motivos de represión, lo cual puede conducir a restricción de libertades para dar paso a gobiernos dictatoriales con antifaz democrático.

El momento actual exige mucha sensatez, ponderación, tolerancia y, sobre todo, alimentar la convivencia pacífica, por muy antagónicas que sean las posturas o ideas políticas que se confiesen, para no caer en una situación en la que el miedo se convierta en un arma letal para mantener y acrecentar un Estado de privilegios, en lugar del Estado Social de Derecho que consagra nuestra Constitución. Por ello debemos preservar el sentido de la protesta social, para que no se convierta bajo ninguna circunstancia en confrontación irracional entre manifestantes y fuerza pública, dado que se asoman colectivos que bajo el pretexto de defensa de la Policía Nacional puedan convertirse en grupos que puedan abusar de la fuerza y ser protagonistas de mayor violencia en nuestras ciudades.

Una invitación para que, antes de comenzar cualquier manifestación, se puedan establecer diálogos y entendimiento, con abrazo incluido cuando sea posible, entre representantes de las organizaciones sociales convocantes y representantes del orden público: civiles y militares, de tal forma que se distensiones los ánimos y el desarrollo de los actos puedan realizarse de manera racional, con las consignas didácticas pertinentes y conciliadoras como “los policías y soldados son nuestros aliados”.

El mayor éxito de las manifestaciones se logra no por las destrucciones materiales que ocasione, y mucho menos por el número de heridos o muertos que arroje. Solo la presencia masiva, consciente y ordenada desplegará la bandera de la legitimidad.

* Ingeniero Industrial, consultor empresarial

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