Esto opino

Los buenos somos más, pero asintomáticos

Por Euclides Castro Vitola *

Cuando de reactivación económica se trata, la obligación primordial del Ejecutivo debe encaminarse a brindar respaldo a todos los sectores de la sociedad, incluidos los delincuentes y los vampiros.

No es sino mirar las cifras de las autoridades a lo largo y ancho de la geografía nacional para enterarnos de la forma ascendente y sostenida -términos que además servirían como lema publicitario de algún potencializador sexual – como la delincuencia callejera se ha desatado en los últimos meses.

Sin embargo, siendo justos, hay todavía un amplio espectro criminal que no ha sido atendido y del que dependen muchas familias, jíbaros, amantes, hijos no reconocidos, prostitutas, manzanas podridas en la Policía, en la Armada y en los puertos. La tensión por falta de recursos en las organizaciones al margen de la ley es tal que muchos de sus integrantes se han ido a los codos. A las manos no porque hay que respetar las indicaciones de la OMS, y la situación parece empeorar cada día.

Similar situación, aunque de mayor complejidad para su resolución, viven a día de hoy, bueno, a noche, los discípulos de Drácula en nuestro país, al que escogieron en mayo de 2002 por las excelentes perspectivas de alimentación que se advertían luego de las elecciones presidenciales.

Y lo cierto es que, hasta aquí, todo había sido de absoluta felicidad, como McGyver en Home Center, pero la llegada de la pandemia trajo también una incertidumbre vinculada a la seguridad alimentaria de estos seres nocturnos de hábitos hematofílicos, y por eso hoy desde las sombras piden ayuda.

En el primer caso, la solución podría ser que personas altruistas empiecen a responder los mensajes en los que les anuncian que se han ganado carros, mercados o becas, y consignen el dinero que les piden, para ayudar así al golpeado gremio de los estafadores virtuales.

Fleteros y atracadores cuentan con algunas ventajas y pueden seguir beneficiándose de la cuarentena obligatoria que cumple la Policía Metropolitana de Cartagena desde hace un par de años, por cuenta de la epidemia de discapacidad cognitiva que afecta principalmente a brigadieres y generales de la institución.

Conscientes del problema, desde el Ejecutivo nos insisten en que confiemos en la Policía, pero yo, cuando los tengo cerca, me siento más inquieto que haciendo el 69 con una caníbal.

Volviendo a los insensibles chupasangre (me refiero a los vampiros transilvanos, no a los hermanos Tomás y Jerónimo), la salida es más difícil porque implicaría que los amables ciudadanos vampirofriendly que se pongan a disposición de los colmillos de los eternos No Vivos, tendrían que portar a la vista la certificación negativa de Covid-19 para tranquilidad absoluta de los hijos de Nosferatu.

Francamente, lanzo estas ideas porque, como muchos, durante esta pandemia me he autoconvencido de que libertad de expresión significa obligación de opinar. Así que espero que estas nobles propuestas logren la resonancia necesaria para que algún influencer las replique y todos puedan aportar en esta sociedad en la que los buenos somos más, pero asintomáticos.

Para no olvidar: A mi tío Nelson, siempre disponible con tan solo una llamada.

* Abogado y periodista

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