Esto opino

El cenicero del alcalde Dau

Por Agustín Leal Jerez *

Con la misma avidez con que consume un cigarrillo, esparce la ceniza y estruja la colilla en el cenicero, el alcalde de Cartagena, William Dau Chamatt, va quemando uno a uno los miembros de su gabinete.

El triunfo del alcalde en las urnas, con su estilo de hacer política diferente, nos ilusionó a quienes la falta de un padrinazgo político nos ha privado de servirle a la ciudad. Cuando se anunció con bombos y platillos que para acceder a la nueva administración solo se requerían los méritos, y para tal fin se contrataron los servicios de una empresa cazatalentos, nos regocijamos porque comprendimos que el nuevo ejecutivo distrital había entendido que el reclutamiento de los servidores públicos es la base fundamental de todo buen gobierno. La diferencia entre lo público y lo privado parte de la forma en como son seleccionados los trabajadores y gerentes en el sector privado. Mucho se ha dicho de las razones por las cuales los grandes talentos de la economía, el coaching y la administración de negocios no le apuestan al sector público. El alcalde Dau nos comenzó a dar luces sobres ese tema: con la adopción de la figura del city manager, traída de los Estados Unidos de Norteamérica, logró seducir a una muy pilosa dirigente gremial. Todos saludamos esa decisión acertadísima de un alcalde a quien se le criticaba su poca experiencia en el manejo de lo público y su escaso tacto en las relaciones políticas. Porque conocemos a Mónica Fadul nos atrevemos a especular que sus escasos logros durante su gestión y su prematura renuncia obedecieron a los oídos sordos del alcalde Dau para escuchar recomendaciones, y al impenetrable sanedrín pretoriano que rodea al burgomaestre. Todo esto lo confirma el hecho de que nadie se ha percatado de la existencia de una nueva Gerente de Ciudad. Un cargo de esa envergadura no puede pasar, así como así. Algo sucede al interior de la Administración distrital que a grandes personajes de la ciudad, que han aceptado cargos, les haya ido tan mal, o les esté yendo peor.

No hay una sola duda en la ciudad acerca de la capacidad y honorabilidad del exdirector del Departamento Administrativo de Salud del Distrito -Dadis, Álvaro Fortich, más sin embargo le vimos salir por la puerta trasera de la Alcaldía. Lejos de cualquier fracaso de estas dos personas a las cuales nos hemos referido, es a Cartagena a la que le está yendo como a los perros en misa; y a la Administración pública en particular, porque las personas capaces y de bien cada día se convencen más que trabajar con el sector público es la peor decisión que cualquier profesional puede elegir. Las consecuencias son que a los gobernantes no les toca otra alternativa que administrar con el spoils system (literalmente, sistema de despojos, casi siempre traducido como clientelismo o tráfico de influencias).

Las explicaciones que ha dado el alcalde Dau en cuanto a la salida del exdirector del Dadis, y ahora más reciente, con la renuncia de la directora de la Escuela Taller Cartagena de Indias, Alexa Cuesta, son muy similares. No existe un engranaje administrativo entre los funcionarios y el burgomaestre. Uno de los grandes problemas que hemos visto en esta administración radica en los procesos de contratación y los celos que el alcalde mantiene sobre el tema. Hemos dicho en otras columnas que no obstante ser la erradicación de la corrupción la principal bandera de este gobierno, en el Plan de Desarrollo ‘Salvemos Juntos a Cartagena 2020-2023’ no hay nada novedoso para combatirla. Esta administración está para que implemente un plan piloto nacional de contratación púbica, que garantice la pluralidad de oferentes hasta en los procesos de mínima cuantía. El alcalde se enfada cuando no le consultan los procesos de adquisición de bienes y servicios, pero cuando son dirigidos desde el sanedrín los errores han sido garrafales; inclusive, con denuncias en curso en los organismos de control que colocan en riesgo legal a los jefes de las distintas oficinas, si es que estos hubiesen “participado activamente” en el proceso.

Pero si a los que han salido les ha ido mal, a los que aún permanecen les está yendo peor. El caso más lamentable es el de la secretaria General, Diana Martínez, mujer brillante, luchadora y con quien compartimos ilusiones literarias. Su imagen está totalmente por los suelos, de manera injusta, creemos y lo afirmamos, hasta cuando se nos demuestre lo contrario. Es hora de que Diana elija entre sus sueños con la literatura y el periodismo, o continuar en el gobierno.

David Múnera, el secretario del Interior, exaventajado concejal de Cartagena, dueño de un capital político adquirido de forma transparente, es hoy un funcionario más, sin ningún tipo de autonomía. No hay un solo programa de la Administración en beneficio de las comunidades que defendía desde el Concejo Distrital que lleve su sello y su gestión. Al paso que va, al terminar el mandato Dau, será un desmirriado político de barriadas.

Por último, Armando Córdoba, el secretario de Participación Ciudadana, sin autonomía, igual que el anterior, pero con una intriga y sabor amargo que nos está dejando a todos el hecho de no poder saber la verdad que esconden las razones por las cuales el alcalde le revocó la delegación para contratar a su despacho.

* Abogado, especialista en Derecho Público con experiencia en Derecho Urbanístico, Ordenamiento Territorial, Contratación Estatal y Gerencia de la Defensoría Pública, entre otros temas.

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