Esto opino

El monje Demetrio

Por Rafael Castillo Torres *

José María Cabodevilla fue un excelente, sacerdote y teólogo español muy prolijo en su producción literaria tan rica en metáforas como en paradojas, pero sobre todo llena de una sutil ironía. Recientemente he vuelto sobre una de sus obras que más me ha cautivado: La Sopa con tenedor, obra que tiene como subtitulo, Tratado de las complicaciones humanas.   En ella, para referirse al amor a Dios y el amor al prójimo y darle fuerza a su tesis, del amor fraterno… verificación del amor a Dios, Cabodevilla nos comparte el caso del monje ruso Demetrio: “Un día el monje Demetrio recibió del cielo la orden de presentarse ante Dios. Tenía que ser esa misma tarde, antes de la puesta del sol en la cima de un monte cercano. Inmediatamente se puso en camino. Pero a mitad de la cuesta encontró a un hombre malherido que pedía socorro. Lo recogió, lo bajó al monasterio para cuidar de él, y después emprendió de nuevo la subida. Aceleró el paso, temiendo llegar tarde; corrió cuanto pudo. A pesar de ello, cuando alcanzó la cima, ya era de noche. Dios se había ido. 

Pero existe otra versión muy distinta de la misma historia. Según ésta, Demetrio no se detuvo a auxiliar el herido, aunque sí le explicó el motivo de su propia prisa, aquella cita urgente, e inaplazable con Dios; después a la vuelta lo atendería debidamente. Llegó a tiempo al lugar convenido, cuando todavía era de día. Pero Dios no estaba. Dios había acudido en Socorro del herido.

Y aún hay una tercera versión, probablemente la más verosímil. Lo mismo que en la anterior, el monje antepone su cita con Dios al ejercicio de la caridad y llega puntualmente a la cumbre, todavía con sol. Pero tampoco esta vez se presentó Dios. Porque Dios era aquel hombre mal herido que pedía auxilio”. 

De este relato de Cabodevilla, considero oportuno sacar, para estos tiempos donde todos debemos activar los principios de la compasión y la misericordia, algunas reflexiones:

Lo primero es que no basta con que tengamos personas e instituciones que estén junto a los que están sufriendo. Es toda la sociedad, la que debe aparecer sensible junto a los que sufren y hoy sienten la impotencia de no poder superar sus duelos. Si en esta pandemia, con todo lo que está pasando, no se nos estremecen las entrañas, lo que hagamos o digamos será irrelevante. Nadie nos va a creer. 

Lo segundo es no cerrar los ojos frente a lo que está pasando. Debemos ser observadores atentos y responsables. Saber mirar, en este caso, es una oportunidad para liberarnos del egoísmo, vivir con la conciencia tranquila y mantener la ilusión de inocencia en medio de tanta gente con su vida fregada. Lo que seamos capaces de hacer revelará nuestra calidad humana.

Volviendo a la tesis de Cabodevilla, amar a Dios es siempre lo esencial y decisivo. No se dice creerás en Dios o le temerás sino lo amarás. Lo más importante es acogerlo y abrirnos a él. Cuando falta amor a Dios todo se paraliza. El amor al prójimo es no apropiarnos de la gente para nuestra utilidad y disfrute o juegos de poder.  Es vivir acogiendo, acompañando, sirviendo, dando y recibiendo amor. Los invito a asomarse a este gran autor.

* Sacerdote de la Arquidiócesis de Cartagena

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