Esto opino

El jurado, ¿una garantía?

Enrique del Río González *

En los últimos días la comunidad jurídica colombiana ha debatido en torno a los juicios por jurado. Algunas voces respetables proponen la materialización indicando sus bondades, otras no menos autorizadas se resisten con vehemencia considerándolo inoportuno. Lo cierto es que la ley procesal penal los tiene previstos, aunque no se encuentren implementados ni regulados principalmente por razones de seguridad.

La historia judicial de nuestro país da cuenta del uso de esta figura. Inicialmente consistía en la deliberación grupal de la sentencia; de esa dinámica se pasó a responder simplemente un cuestionario individual con ‘sí o ‘no’, sin discusión colectiva. Diversas circunstancias generaron su desaparición, una de ellas: el terrorismo que cercó a los judiciales. Desde el magnicidio de Luis Carlos Galán en 1989 se excluyó y solo fue reimplantado por el Decreto 2700 en 1991, pero integrado únicamente por abogados. La Ley 58 de 1993 los eliminó por completo, hasta cuando el acto legislativo 03 de 2002 y la Ley 906 de 2004 previeron la posibilidad de que los particulares actuaran como jurados en causas criminales.

Esta institución tuvo su origen en Inglaterra, de ahí pasó a Norteamérica y obedece a la garantía del acusado de ser juzgado por sus iguales y así separar la función decisiva del monopolio estatal, donde obviamente se encuentra la Fiscalía como sostén de la acusación y el juez de derecho, con lo que se espera salvaguardar la independencia e imparcialidad del veredicto.

Particularmente entiendo la prevención que despierta este instituto. El hecho de que un grupo de personas, sin conocimiento jurídico, se adentren a realizar valoraciones sobre la acreditación de las circunstancias fácticas y lo relativo a la responsabilidad penal, genera zozobra, más aún cuando hasta los expertos yerran. Además, la influencia mediática es más latente ante legos, aunque de aquella ni las altas dignidades judiciales se salvan. Por eso hoy se duda de que el ser juzgado por los pares represente una garantía, pues es evidente que la masa social a través de las redes prejuzga e implora por drasticidad.

A pesar de lo dicho y teniendo claro los problemas que subyacen, no me disgusta que estos se puedan implementar. Advierto una necesidad latente de sensibilidad en el juzgador profesional, que puede ser hallada en los jurados, no buscando que reine la impunidad, sí para que se geste una empatía que permita comprender la total dimensión del asunto y se entienda que el proceso representa más que trabajo y estadísticas, una tragedia personal, familiar y social. Por ello, como decía Francis Bacon: “El juez debe tener en la mano el libro de la ley y el entendimiento en el corazón”. Un alma sin blindajes dispuesta a juzgar con firmeza, pero sin perder el norte de la misericordia.

Abogado, especialista en Derecho Penal y Ciencias Criminológicas; especialista en Derecho Probatorio. Magister en Derecho. Profesor Universitario de pregrado y postgrado. Doctrinante.

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