Esto opino

Esperanza, pero no Gómez

Por Euclides Castro Vitola *

En nuestra vida cotidiana solemos emplear palabras con tal frecuencia que terminan siendo muletillas características de cada persona o incluso de toda una región. Los cartageneros, por ejemplo, tienen incorporado en su vocabulario una tan conocida, tan usada, que la directiva de los Guinness World Récords tiene registrada a la ciudad como la responsable de la felación más multitudinaria de la historia, solo superada por los votantes de Maduro en su segundo período.

Pero, para los que habitamos en esta parte del mundo, hay una palabra que se convierte en un mantra que circula por nuestro cerebro para darnos ánimo e impulso cuando todo salga mal, y es ‘Esperanza’.

​La Real Academia Española define la esperanza como «Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea». Siendo colombiano y fuertemente influenciado por la religión, en ocasiones la confundimos con la Fe, que además de ser la primera sílaba del nombre de mi tía Feliciana, es definida en su tercera acepción como “confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo“.

Hace pocos días (dependiendo de cuando leas esto, pueden ser 72 horas o 320 años, lo que tarda una EPS para concederte cita con algún especialista) la empresa más odiada e insultada por los costeños -me refiero a Electricaribe, no a Tigo – se despidió como un suanfanzon en medio de chistes y memes en los que se daba rienda suelta a la alegría después de sufrir más que un marido con suegra inmortal.

Los usuarios-afectados padecieron hasta lo innombrable por cuenta de la orfandad política de la mayoría de congresistas de la Región Caribe, a los que su distante vida privilegiada les impedía conocer de primera mano los pormenores del día a día de tener que convivir con el enemigo, el mismo que -además – era un auspiciador de los temidos ‘gota a gota’: cada vez que se quemaban los electrodomésticos por los frecuentes bajones de voltaje había que salir a prestar plata a algún incipiente Luis Carlos Sarmiento y aceptar la letra pequeña del contrato que venía escrita en Arial calibre 38 o 9 milímetros, según el caso.

La llegada de EPM a través de una de sus filiales no trajo la solución inmediata a nuestros problemas de infraestructura energética. Lo que trajo fue la esperanza de la prestación de un mejor servicio y eso ya es una ganancia. En su llegada a Cartagena presentó a varios de sus directivos en una rueda de prensa, en la que pudimos constatar que, a diferencia de la anterior empresa, estos al menos parecían humanos, y esto tiene un efecto tremendamente terapéutico porque, a la hora de hijueputear, al menos le podemos poner cara a ese sentimiento de desahogo y no tener que recurrir a impersonales insultos contra la empresa de marras, tipo “HP Electricaribe” , o el clásico “Electricaribe CV“.

También fue noticia esta semana el fallo de la Corte Suprema de Justicia que ordena al Ejecutivo colombiano (al de la casa de Nariño, no al de $10 mil con agua de panela, palillo de dientes y sal con arroz), para que modificara las directrices sobre el uso de la fuerza frente a los manifestantes en las protestas sociales. Aunque Iván Duque salió de inmediato a cumplir con el papel que mejor ha desempeñado en los últimos dos años: el de huevón, y decir que no estaba de acuerdo, lo cierto es que se sienta un preferente judicial de suma importancia para el futuro de los levantamientos de descontento pacíficos en Colombia y servirá para futuras demandas contra el Estado, cuando los agentes de la Policía cometan nuevos excesos en marchas y manifestaciones.

Por último, y por tanto menos importante, ESPN escuchó el llamado amplio y masivo que se hizo a través de redes sociales pidiendo que nos quitaran de las transmisiones de la Liga Premier inglesa al cáncer auditivo de Andrés Marocco. Ahora nos pusieron al chancro trepador filipino de Antonio Casale. Tengo la esperanza de que Rusia, Estados Unidos, Cuba o China desarrollen pronto la vacuna para combatir la infección del colombopetardismo en los medios de comunicación y nos permitan ver fútbol sin tener que bajar el volumen, como cuando transmitía Carlos Antonio Vélez o cuando canta Bad Bunny.

Para no olvidar: A David, Juan Carlos y Wilfrido, escuchando Los Chicos de Calamaro.

* Abogado y periodista

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