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Cuenca de la Ciénaga de la Virgen: un diamante en bruto

Por Aniano Morales Blanco *

La cuenca de la Ciénaga de la Virgen o de Tesca está localizada mayormente sobre el costado oriental de este cuerpo de agua; tiene una superficie total de 502.45 Km2, según estudios de Haskoning & Carinsa en 1996. Sobre el costado occidental está separada por el mar por un cordón litoral conformado por una barra de arena de más de 400 metros de ancho, en donde está asentado el corregimiento de La Boquilla, zona de protección manglar, rica de ecosistema natural y que se ha ampliado por apropiaciones de su fauna y flora, a través de la modalidad de invasiones y rellenos.

El Plan de Ordenamiento Territorial en su artículo 96 define esta zona como el Parque Distrital Ciénaga de la Virgen, reglamentado por el Decreto 063 de 2006, Resolución 0768 de 2005, y comprende una superficie de 3.300 hectáreas, se constituye en el elemento fundamental del modelo de ocupación del territorio en torno al cual se desarrollará parte de la ciudad actual y la ciudad futura. Para el Distrito de Cartagena, es una zona de especial valor turístico, al mismo tiempo que se constituye en atractivo para los visitantes, no obstante, aparta de tajo la participación y compromiso colectivo de los seres vivos que durante la historia han habitado la extensa cuenca.

No podemos hablar del desarrollo de la Ciénaga de la Virgen o de Tesca sin involucrar a los seres vivos que la habitamos, como tampoco se puede continuar con el discurso de erradicación de pobreza multidimensional o extrema de sus orillas y cuencas sin el compromiso de sus habitantes, ya que esto es fundamental en la construcción del imaginario colectivo y prospectivo que cambiaría nuestras vidas, patrones culturales y de vecindad.

Se debe acabar con la vieja costumbre de adornar los proyectos con las características de gente pobre multidimensional, y con la hipótesis de que no sabemos pensar y no tenemos sueños colectivos.

El desconocimiento de la historia nos condena a repetirla y esta ha sido una de las grandes debilidades de nuestros hermanos nativos y habitantes de nuestra extensa Ciénaga de la Virgen y su cuenca hidrográfica. Muchos de esos vecinos desconocen la importancia que representa para nuestras comunidades poseer un cuerpo de agua tan relevante para el desarrollo turístico de la ciudad.

Quienes hemos dedicado años a estudiar e investigar la historia de nuestro territorio, a base de sacrificios, y que en una gran mayoría somos descendientes de los reubicados o despojados de Pekín, Boquerón, Pueblo Nuevo, Boquetillo, Chambacú, Isla de Manga, Pie del Cerro, Pie de la Popa, Getsemaní, Tierra Baja y La Boquilla; quienes hemos hecho autocuestionamientos sobre aspectos importantes de la historia como ¿quiénes se inventaron la erradicación de tugurios de Chambacú?, ¿serán los mismos que violaron los lineamientos del POT y construyeron Flor del Campo, Bicentenario y otros corrales de pobreza en los extramuros?, ¿serán los mismos que devastaron a Tierra Baja, Puerto Rey, Cielo Mar y toda la Zona Norte, para construir condominios excluyentes de sus nativos?

Todas estas preguntas sin respuestas quedan sumergidas en la atractiva propuesta del Fondo de Erradicación de Pobreza, que impulsa el gran emporio del turismo y el comercio de Cartagena, pero que excluye la participación de los habitantes de los alrededores de la Ciénaga de la virgen, pues no son los llamados a construir el sueño prospectivo de transformación de sus vidas y de una futura generación de emprendedores del ecoturismo y educación e investigación pertinente e incluyente.

La cuenca de la Ciénaga de Tesca y toda su biodiversidad son un diamante en bruto que solo los grandes inversionistas internacionales valoran; los latifundistas y despojadores lo saben y tratan a toda costa de hurtarles su valioso brillo paisajístico e histórico y, lo más importante, su destello humano, ese que generan los seres arraigados de todas las latitudes, que como nativos e inmigrantes gestaron la viabilidad de servicios públicos, trama urbana y una dinámica especial sumada al valor del metro cuadrado de suelo, que no solo se cuantifica económicamente si no, lo más importante, representa un valor inmaterial, antropológico, histórico y multicultural, solo comparable con un diamante en bruto.                  

* Administrador Público, presidente del Consejo Territorial de Planeación de Bolívar

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