Esto opino

¿Es la pluma un pene metafórico?

Por Rubiela Valderrama Hoyos *

Con la pregunta: “¿Es la pluma un pene metafórico?” inician Sandra Gilbert y Susan Gubar la extraordinaria escritura del texto ‘El espejo de la reina: la creatividad femenina, las imágenes masculinas de la mujer, la metáfora de la paternidad literaria’, una obra en la que las autoras desarrollan de manera magistral la historia desgarradora y triste de las infamias vividas por las mujeres artistas y literatas de los siglos XVIII, XIX y parte del XX, por cuenta de la sociedad patriarcal.

Este artículo lo escribo en homenaje a la premio Nobel de Literatura 2020, la estadounidense Louise Glück.

Desde que los Hombres con h mayúscula se impusieron como centro del universo, despojando incluso a Dios de ese lugar, su perverso sentido de la apropiación y dominio los hizo sentir dueños y amos de todo lo que existe en el mundo terrenal. La literatura y las artes hicieron parte sustancial de esa apropiación. Cooptadas, atrapadas bajo la pluma y el pincel masculino desde el cual se discriminó miserablemente la capacidad creativa, el poder y la fuerza creadora literaria y artística de las mujeres. 

La cualidad más esencial de un artista, es la esencia magistral, que es un don masculino y distingue fundamentalmente a los hombres de las mujeres, la cualidad masculina es el don creativo[1]. De esta manera autores como Hopkins[2] sentenciaron que las mujeres nada tenían que hacer en ese espacio, y por ende se entendió y enseñó de manera universal que “pensar, escribir y leer son actividades masculinas y enemigas de las características femeninas”. Este tipo de pensamiento castrador para las mujeres permeó todas las ciencias, ya lo decíamos en la nota anterior[3] refiriéndonos a las mujeres que han marcado pauta en las llamadas “ciencias duras” pero que fueron y siguen invisibilizadas en las narrativas históricas. Tal como nos lo recuerda la filosofas Amelia Valcárcel “el discurso misógino fue acuñado sobre todo por la tradición filosofía, que puso el marco general de la misoginia laica en que se movieron la medicina, la moral, la política y todas las ciencias[4].

Así mismo, Frances Olsen, en el texto ‘El sexo del Derecho’, nos muestra cómo la cultura patriarcal logró establecer una idea jerarquizada y dicotómica del pensamiento y la vida, “nuestro pensamiento está estructurado por una serie compleja de dualismos; racional – irracional, activo – pasivo, pensamiento – sentimiento, razón – emoción, los cuales se han catalogado unos como positivos y otras negativos, estos últimos asignados a las mujeres”.

Y así, los escritores de los siglos en referencia, con su actitud de todopoderosos, se fueron lanza en ristre contra todas las mujeres que intentaron descollar en las artes literarias.

Hopkins crea un concepto central para la literatura de la época (siglo XIX), en el que dice “así como el Dios engendra el mundo, el artista engendra el texto”.

Frente a esa doctrina Gibert y Gubar plantean: “En la cultura patriarcal occidental, el autor de un texto es un padre, un progenitor, un patriarca estético cuya pluma es un instrumento de poder generativo igual que su pene, el cual no solo genera vida sino posteridad”.[5]

Y no solo Hopkins. También Said, Weininger, Burgess, Gass, Goethe, Swift y Welpole, entre otros tantos, tal como desde el año 1405 Christine de Pizzan ya se cuestionaba la discriminación y poder de los hombres sobre las mujeres. En su adelantada e iluminada obra ‘La ciudad de las damas’ cuestionó esta notoria y triste realidad: “Me pregunto cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabras, bien en escritos y tratados. Y no es que sea cosa de un hombres o dos, sino que no hay texto que esté exento de misoginia[6].

Si bien los tiempos y las condiciones han cambiado, todavía falta bastante camino por recorrer y costumbres, postulados e imaginarios culturales que transformar. Sandra Gilbert y Susan Gubar describen bellamente a las mujeres que lucharon con su pluma contra la perversa escritura masculina que las descalificaba.

Bajo estas condiciones encontramos entonces, por un lado, mujeres que se asimilaron a los hombres y continuaron su legado patriarcal, otras que deseaban ser hombres y escribir como ellos, muchas que escribieron con seudónimos masculinos, también las que escribían, pero los textos lo firmaban los esposos, porque era prohibido que la mujer escribiera, y afortunadamente otras, que se revelaron ya sea en forma subliminal o cara a cara contra el orden establecido.

Concepciones como “el eterno femenino” de Goethe, “las mujeres no tienen historia propia“, “el ángel del hogar”, y las imágenes de mujeres como fantasmas, demonios, ángeles, hadas, brujas, espíritus y la idea psicoanalítica de la falta, se recrearon y apropiaron de la literatura a lo largo y ancho de los siglos pasados y por desgracia se mantiene todavía en otras formas culturales, como la música, los malos chistes sexistas, las telenovelas y los estereotipos de género que vemos hoy tal como en el pasado.

La premio Nobel de literatura 2020, la estadounidense Louise Glück, es profesora de inglés en la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut, ganó el Premio Pulitzer en 1993 y el Premio Nacional del Libro en 2014. Ha publicado 12 colecciones de poesía y varios volúmenes de ensayos sobre poesía.

En su honor, dejo por acá una poesía de otro tiempo, pero que, de seguro, fueron las bases para los derechos que disfrutamos ahora.

Estoy expuesta a cada lengua mordaz

que diga que en mi mano mejor encaja una aguja,

La pluma de poeta todos desdeñan, así que debo haber errado,

porque tal inquina arroja sobre el ingenio femenino:

Si lo que hago resulta bueno, no ascenderé,

Dirán que fue robado o también que fue casual”: Anne Bradstreet.

* Trabajadora Social, magister en Estudios de Género, feminista, activista por los derechos humanos de las mujeres.

[1] Sandra Gilbert y Susan Gubart. El espejo de la reina….

[2] Gerard Manley Hopkins S.J. (28 de julio de 1844StratfordLondres – 8 de junio de 1889DublínIrlanda) fue un sacerdote jesuita y poeta británico.

[3] https://www.metrojoven.com/2020/10/12/derrumbando-los-sesgos-de-genero-en-las-ciencias/

[4] Valcárcel Amelia. La política de las Mujeres. Madrid. 1998.

[5] Sandra Gilbert y Susan Gubar. El espejo de la reina

[6] Christine de Pizzan. La ciudad de las damas

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