Esto opino

Duque, ¿quieres ser tu propio jefe?

Por Euclides Castro Vitola *

Hace cerca de cinco años el mundo futbolero conoció la noticia del séquito de amigos que acompaña a Neymar en sus andanzas extradeportivas y que, según los datos recogidos, responden de manera colectiva al nombre de ‘Toiss‘.

Sus funciones al lado del mejor clavadista olímpico del fútbol son de ensueño: entretener, divertir, cuidar y proteger a Neymar. Es decir, ‘parchar’ con su amigo multimillonario luego de los partidos y cobrar, cada uno, once mil euros netos mensualmente por tener la fortuna de contar con los afectos del astro piscinero.

Es una conducta que nos resulta llamativa, pero que no es ni novedosa ni extraña. Podríamos preguntarle a Jesús al respecto.

También en la clásica e inexistente (guiño, guiño) mafia del sur de Italia, conocida en todo el mundo como la ‘Cosa Nostra’, hay una condición no escrita para pertenecer a dicha organización criminal y tiene que ver con el parentesco. Consideran los vetustos jerarcas de la sociedad delincuencial que la principal forma de asegurarse la lealtad y el silencio (omertá) es gracias a la fuerza inquebrantable de los vínculos familiares y la estrechísima relación de amistad. “De cogí pipido“, dirían en Cartagena. Aunque juraría que en este principio rector se excluirán los cuñados.

En cuanto a amistades se refiere, es necesario tener cautela. Hay amigos de todos los pelambres y estilos. Amistades incondicionales y otras tan inciertas como lanzar una bola de papel a una caneca distante aún a sabiendas de que vas a fallar y sin embargo insistes. Amistades entre personajes disímiles que resultan incomprensibles para el resto del mundo, como la del sicario y Raymon en la brillante película de 1999 de Jim Jarmusch, Ghost Dog, o la de Alicia Arango y el Botox.

Por eso, cuando medio país empezó a cuestionar que Iván Duque había puesto a todos sus amigos de universidad en cargos importantes, me resultó una postura bastante incoherente con respecto a lo que haríamos todos al llegar a un cargo de poder, porque nadie se rodea de contradictores en su empleo, a menos que seas Félix de Bedout en La W. Particularmente, no suelo debatir con nadie desde cuando descubrí que dos personas no pueden debatir si uno de los dos ha aspirado helio.

Pero hay una característica notable en todos los casos traídos a este espacio de opinión. Todos, salvo Duque, representan un liderazgo y una autonomía en la toma de sus decisiones. Por eso Duque se ha convertido en el hazmerreir de propios y foráneos cada vez que debe impartir una directriz que claramente contradice alguna de sus posturas anteriores o a lo dicho durante la campaña política. Por fortuna, aquí se cumple cabalmente esa máxima que dice que el chiste siempre debe ser superior a la opinión política, de lo contrario estaríamos sumidos en la mayor polarización de la historia desde aquella disyuntiva de ‘El Bolillo’ Gómez con respecto a llevar al mundial de Francia 98 a Iván Ramiro Córdoba o al ‘Chaca’ Palacios. En este caso la historia jamás absolverá al misogino técnico paisa.

Y es que, sin lugar a dudas, nadie pone en tela de juicio la poca injerencia del primer mandatario de los colombianos en la toma de decisiones. Las redes sociales están plagadas de fotografías del prematuro canoso, abrazando negros e indios en campaña y, en menos de lo que dura un alcalde de Cartagena, dándole la espalda a estas poblaciones y negándose a dialogar con ellos alegando infinidad de razones que van desde la infiltración de vándalos hasta la presencia de narcotraficantes en las marchas. Afortunadamente, ninguno del nivel de peligrosidad del ‘Ñeñe’ Hernández o del que puso los laboratorios de coca en la finca del exembajador Sanclemente.

Las deducciones acerca del origen de las órdenes y posturas asumidas por Duque son más fáciles que la tabla del 1 y más predecibles que los cortes de energía de Electricaribe y/o Afinia.

El nivel mostrado hasta aquí es tan lastimero que si le vendes a Netflix la premisa de un presidente gordo, que toca guitarra, juega fútbol, olvida instalar el Congreso el 20 de julio y manda ministros al Cauca a hablar con la Minga cuando esta se encuentra en el frente de su casa, no te la compra porque dice que es irreal, absurda. Puro realismo trágico.

Para algunos, Duque lleva tres meses haciendo estupideces porque no incluyó la política como servicio esencial en la decretos que expidió.

Por eso, la recomendación al señor Duque es que siga el discurso de los emprendedores de esta generación y decida de una vez por todas emanciparse de su señor y empezar a ser su propio jefe. El problema con eso es que cuando eres tu propio jefe descubres que tu anterior jefe tenía razón: no sirves para un culo.

Nosotros, mientras tanto, debemos ocupar nuestros esfuerzos en esperar a ver si la nueva normalidad es un valle sobre el que construir o un abismo donde lo único que hay que hacer es amortiguar la caída.

Para no olvidar: La Minga Indígena. Dignos, decididos y respetuosos en sus reivindicaciones.

* Abogado y periodista

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