Esto opino

Género, raza y clase, en el discurso político en Cartagena

Por Rubiela Valderrama Hoyos *

En esta breve nota de opinión dejaré mi postura sobre lo que considero que son o no ataques en términos de género, raza y clase en el caso de la señora Cynthia Pérez Amador y otras mujeres de la Administración Dau.

Para iniciar, explicaré de manera sucinta cada una de las categorías del título de esta nota, toda vez que he visto cómo las usan, con cierta frecuencia, para explicar lo que ocurre en la actual administración distrital y el debate político que se suscita.

Género: El género es una categoría social, analítica, histórica y relacional que ha tenido mucho desarrollo en los últimos tiempos. Su utilización teórica y política ha servido al movimiento feminista para explicar lo que significa ser hombre y ser mujer en la sociedad, develando las relaciones de poder que desde tiempos arcaicos han mediado entre estos y que han significado una desventaja y, más aún, la opresión y subvaloración de las mujeres al punto de negarles un espacio igualitario en los medios y ámbitos del desarrollo.

La categoría de género es la que nos indica que las desigualdades entre los sexos nunca han sido un asunto natural y mucho menos biológico sino una construcción social e histórica y un asunto político.

Raza: La idea de raza surge con el racismo como ideología y fenómeno social moderno (Curiel, 2018).

Si bien raza es también una categoría analítica y política, los debates académicos sobre la misma continúan. Sin embargo, al igual que el género, ha servido para nombrar y develar el racismo con el que se han construido todas las sociedades occidentales. Cartagena, como escenario de trata, tráfico y puerto de personas esclavizadas traídas forzadamente del continente africano, ha vivido y continúa viviendo de frente y también matizadamente el racismo desde siglos pasados.

Clase: La categoría de clase social fue acuñada por el marxismo para explicar la pertenencia y ubicación socioeconómica de grupos poblacionales. La sociedad de clases constituye una división jerárquica basada principalmente en las diferencias de ingresos, riquezas y acceso a los recursos materiales. 

En la sociedad cartagenera la división y estratificación de clase está fuertemente marcada; la mayoría de su población está ubicada en la clase baja, con altos índices de pobreza monetaria y pobreza multidimensional; mientras la minoritaria clase alta es dueña de los principales recursos del desarrollo.

En este contexto, la desigualdad que se vive en la ciudad es verdaderamente vergonzante; incluso, el concepto de desigualdad se quedó corto para describir lo que aquí ocurre. En palabras de Rita Segato: no estamos ante una ciudad de desiguales, sino ante una ciudad de dueños. 

El caso Cynthia

En el discurso y debate político que por estos días se desarrolla en la ciudad y que tienen como actoras a varias mujeres de la actual administración, entre ellas a la señora Cynthia Pérez Amador, por los hechos que todo el mundo conoce, encontramos que muchas personas argumentan que es un ataque en razón al género, raza y clase, es decir, porque es mujer, negra y pobre.

Particularmente, no veo en las críticas realizadas a la señora Cynthia que se le ataque por ser mujer, negra o pobre. Lo que veo claramente es que, por una parte, se trata de un asunto político por su capacidad de hablarle al oído al alcalde y ser el puente entre él y los líderes populares, y por otra porque, en efecto, no solo ella sino otras servidoras públicas y funcionarias han tenido que renunciar por no cumplir los requisitos que les exige la Ley para acceder a los cargos en los que fueron nombradas o a los contratos que les han adjudicado. Más aún, Cynthia no ha podido demostrar que no son  ciertas las críticas y denuncias que le han hecho.

Pienso, particularmente, que esta administración no ha dado buen ejemplo en muchas de sus actuaciones. En el caso de Cynthia el mensaje que le envía a la sociedad es: “no importa que no seas profesional, que no tengas los certificados; lo importante para tener un gran sueldo es ser vale del alcalde”. Esta actitud ha hecho carrera en la ciudad y, desagraciadamente, se repite en esta administración.

Desafortunadamente la ciudad no sale del caos, y estas situaciones no deberían estar sucediendo para no distraernos de los verdaderos problemas que nos acechan, como el que conlleva la Ley 2038 de 2020 o Ley Araujo, con la que sus autores pretenden seguir usurpando y despojando a los cartageneros de su territorio y continuar engrosando su calidad de dueños de la ciudad.

* Trabajadora Social, magister en Estudios de Género, feminista y activista por los Derechos Humanos de las mujeres.

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