Cartagena

Hace un año: el 27 de octubre del 2019, ¿Cartagena dio -en efecto – un salto al vacío?

Por Carlos Ardila González *

En las elecciones del pasado domingo 27 de octubre, cuando gran parte de la opinión pública cartagenera daba por sentado que el exconcejal y exrepresentante a la Cámara William García Tirado sería el ganador de la carrera por la Alcaldía, sucedió que el veedor ciudadano William Dau Chamatt fue quien obtendría finalmente la mayoría de los votos.

Pocas horas después de cerrarse de forma oficial la jornada electoral, con menos del 90% de las mesas informadas ya era claro que -para sorpresa de muchos – el próximo mandatario de los cartageneros sería el activista anticorrupción.

Tras los correspondientes escrutinios habría de saberse que por William Dau habrían votado 114.239 ciudadanos; por William García 103.633; por Yolanda Wong 44.865; por Sergio Londoño 20.450; por Fernando Araújo 17.710; por Jaime Hernández 8.680; por Wilman Herrera 6.166; por Nabil Baladí 5.941; por Adelina Covo 1.982; por Germán Viana 1.756; por Claudia Fadul 1.738; por Minerva Romero 1.715 y por Rosmery Torres 715.

Y ese mismo día, mientras millares de hombres y mujeres celebraban que el exdirector de la corporación ‘Cartagena Honesta‘ hubiera logrado vencer en las urnas a la dirigencia política tradicional, un puñado de analistas, politólogos y periodistas, así como unos pocos ciudadanos que aseguran conocer a Dau muy bien, expresaban su preocupación porque -según dijeron – una cosa es el control social y otra muy distinta el ejercicio del gobierno, y era claro que el líder del movimiento ‘Let’s save Cartagena‘ era un total y absoluto lego en materia de administración pública, amén de que durante la campaña había dado muestras fehacientes de no conocer a la ciudad ni a su gente.

De acuerdo con lo que algunos pocos se atrevieron a comentar para esas fechas, haber permanecido durante casi dos décadas en los Estados Unidos alejó literalmente a Dau de la realidad que vive Cartagena. No obstante, mediante una exitosa estrategia en Facebook, Instagram y medios alternativos logró que su nombre sonara cada vez más fuerte en distintos escenarios; y gracias a la propagación de llamativas denuncias contra funcionarios y dirigentes políticos supo vender la imagen de un osado líder anticorrupción, lo cual le permitió ganarse un espacio, ‘meterse en la pelea’ y, finalmente, obtener las llaves del Palacio de la Aduana.

De acuerdo con el portal ‘La Silla Vacía‘, “puntualmente, su nombre empezó a hacerse más familiar alrededor de mayo, mes en el que se realizaron las elecciones atípicas que ganó el inhabilitado Quinto Guerra con respaldo de casi todos los clanes del departamento, y en el que William Dau estuvo sistemáticamente publicando datos de supuestas irregularidades electorales (La Silla Caribe fue el día de esas votaciones a un sitio en el que, según él, estaban comprando votos y no encontró nada)“.

En concreto, lo que ese 27 de octubre se atrevieron a expresar unos analistas, politólogos y periodistas, así como varios hombres y mujeres que dicen conocer a Dau (o mejor: haberlo conocido a nivel personal y familiar, como el empresario y excandidato a la Alcaldía Nabil Báladi Gedeón, entre otros), es que, ante la necesidad de fortalecer la institucionalidad local, unos ciudadanos, de buena fe, hayan elegido a alguien que, por su inequívoco desconocimiento de lo público, podría significar un grave retroceso en esa materia.

Como lo resumió el tuitero Alex Yaín la noche de ese domingo, “los cartageneros estaban al borde del abismo y, desesperados, dieron un paso adelante…

O como lo expresó también en Twitter Ander Martínez, “William Dau no tiene ni puta idea de administración pública, ni tampoco plan de gobierno, pero está derrotando a la clase política tradicional corrupta de Cartagena y eso es lo importante“.

O como lo manifestó el comunicador social Juan Diego Perdomo Alaba el día después de la elección: “anoche le escuché a alguien un ejemplo bastante trágico que se aproxima a lo que sucedió en las históricas elecciones a la Alcaldía de Cartagena que dio como triunfador al independiente William Dau Chamatt: ‘Lo de Cartagena es como cuando estás en un avión y en pleno vuelo se incendia una turbina y tú, en vez de esperar la caída, prefieres lanzarte al vacío a ver qué pasa’“.

En una columna titulada ‘Cartagena saltó al vacío‘, el conocido periodista conceptuó que “esos 113 mil cartageneros que le votaron no lo hicieron por él sino en contra William García y todo lo que representa; no les importó el número de páginas de su difuso y precario programa de gobierno, ni de qué manera sacará a la ciudad de la paquidermia administrativa, o si conoce las entrañas de la función pública, todo con tal de tener el placer de patearle el culo a Juan José, a Daira, a Alfonso, a Montes, a José Julián y al viejo Vicente. El resto se arregla rodeándolo y asesorándolo bien, repiten con candidez por ahí, como si gobernar una ciudad de un millón habitantes, con un presupuesto de casi dos billones de pesos, fuera como atender una miscelánea de barrio que solo necesita un contador, un abogado, dos empleados y un libro contable“.

Hoy, un año después, son ya muchos más quienes se preguntan si Cartagena, con la elección de Dau, no habría dado ‘un salto al vacío‘.

Lo que puede verse entre la ciudadanía, como lo señala hoy el director del portal Revista Zetta, John Zamora Melo, es “desconfianza, polarización, estancamiento, desunión, desánimo, miopía, cortoplacismo… precisamente todo lo contrario de los que esperaban la llegada de un gran gobernante con alta visión del estado“.

El abogado y periodista, sin embargo, mantiene un moderado optimismo. “Que Dau haya decepcionado no es una condición eterna ni inmodificable. (Ojalá). Es simplemente lo que ha pasado. Tiene tres años y dos meses para trabajar pero primero tiene que rectificar, sin renunciar a sus preceptos anticorruptivos” (leer ‘Dau se escribe con D de decepción‘).

Rectificar‘, sin embargo, no parece ser un verbo que al alcalde Dau le guste conjugar. Por lo visto hasta ahora, él prefiere insistir en el uso del pronominal ‘retractarse‘, el cual, aunque parezca igual, no implica -en la práctica – cambios de fondo.

Si el mandatario se concientiza de que fue elegido para gobernar a la ciudad, con todo lo que ello implica (incluido el denunciar los delitos que llegare a conocer), y no únicamente para contar con un escenario propicio para promover sus discursos anticorruptivos, podría -tal vez – enderezar el camino.

Pero, por todo lo que sigue viéndose en la Administración Dau, se entiende que sean cada día más quienes piensen que -en efecto – Cartagena dio un salto al vacío.

Director de Revista Metro

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